Durante su interpelación ante la AN, Jorge Giordani, ante las interrogantes planteadas por la oposición sobre el problema de la inflación en el país, se dedicó a explicar que la misma es “un fenómeno complejo”, que es responsabilidad de los gobiernos previos a 1999, del capitalismo, de los productores, de la comunidad y, contradiciendo a la Ministra de Comercio, de las importaciones que el país está obligado a hacer para tapar la falta de producción de algunos rubros.
Aunque no indicó qué medidas se tomarán para frenar la inflación, sí destacó que durante el gobierno revolucionario la tasa inflacionaria promedio ha sido inferior a la registrada en los dos gobiernos previos. A partir de ahí, su intervención se centró en resaltar las virtudes de la revolución, en prometer el crecimiento económico y descalificar a la bancada opositora a la que calificó de “escoria política”. Si algo ha tenido en común todas las intervenciones ministeriales ante la AN ha sido la repartición indiscriminada de culpas, la tímida aceptación de sus propias responsabilidades, la férrea defensa del proceso revolucionario y el uso del descalificativo como escudo ante los cuestionamientos de la oposición. La intervención de Giordani no podía ser diferente.
Cómo en su momento dijo Jaua, Chávez les había enseñado bien cómo hablar en la Asamblea. Quizás lo destacable de la comparecencia del Ministro de Finanzas, más allá del hablar mucho de lo que se logrará en socialismo y no decir nada sobre cómo se hará, que ya antes aplicaron todos ministros que desfilaron por el hemiciclo, haya sido la forma tan virulenta como insultó a los parlamentarios adversos al gobierno, como quien se siente arrinconado y rabiosamente lanza golpes con la esperanza de salirse del problema.
Decir que la inflación es alta pero es menor que antes suena a muy poco y decir que en la próxima década el crecimiento económico será imparable sabe a poco y lamentablemente, al final del día, cuando el show se acabó y el circo desmontó la carpa, igual nos quedamos con lo que teníamos al comienzo: nada.

