El tren de Santos y Chávez

A nuevas y viejas realidades se enfrentan, en su tercera reunión, los presidentes Juan Manuel Santos y Hugo Chávez, reseña el diario El Tiempo de Colombia.

Las situaciones nuevas son ante todo económicas. Las dos economías abandonaron sus alianzas e inversiones cruzadas, cada país ya no es el segundo sino el quinto socio del otro, el comercio no jala la relación ni es arma de presión y el gran importador de Venezuela es el gobierno, que quiere un comercio administrado. También hay nuevas realidades políticas que desde Colombia generan un mejor contexto gracias al giro de la política externa y a leyes como las de tierras y víctimas, que podrían mejorar la situación en las fronteras.

En el primer encuentro, el de Santa Marta, los cinco puntos de la agenda a la que se llegó partían de la prioridad que se le concedió al pago de las cuentas pendientes. La casi totalidad de la deuda ha sido ya revisada, la mayor parte tiene autorización de pago y un 10 por ciento es investigado para evitar sobrefacturación. Los giros han sido lentos, en especial para la frontera. Con la lista de los empresarios a los que Cadivi les autorizó divisas, Bogotá trata de despejar las incertidumbres de los exportadores colombianos, pues muchos importadores venezolanos han desaparecido o han abandonado los trámites.

La segunda prioridad era negociar un convenio que regulara el intercambio comercial. En Cartagena, los dos presidentes sopesaránn los acuerdos y las diferencias. También analizaránn lo avanzado en el primer encuentro económico, productivo y comercial, cuando el gobierno venezolano y los 40 empresarios colombianos que había seleccionado identificaron 13 posibles negocios, no solo de adquisición de bienes sino también favorables a la economía endógena bolivariana.

La tercera prioridad de Santa Marta eran las obras de infraestructura indispensables en la frontera. Se han revivido todas, incluso las que están listadas desde la disolución de la Gran Colombia. Pero se necesita confianza para construir esas obras, concretar oportunidades comerciales, proyectos energéticos y conexiones interoceánicas. En la cuarta prioridad, la frontera, se avanza poco, pero no depende solo de Caracas y Bogotá. Hacen falta propuestas locales dentro de una mejor visión de región.

Los viejos desafíos son -quinta prioridad- los de seguridad. Se ha hablado de un acuerdo de lucha contra las drogas y el crimen organizado, así como de coordinación militar y policial. Venezuela ha extraditado a Colombia algunos presuntos narcotraficantes y guerrilleros acusados de extorsión, secuestro y asesinato. Del lado colombiano se extraditaría a Venezuela a un empresario acusado de narcotráfico, que denuncia apoyos a negocios bolivarianos y es solicitado en extradición también por Estados Unidos. Es poco, pero se debe reconocer que no son fáciles de desmontar los problemas de seguridad de cada país y las dinámicas transfronterizas de la criminalidad organizada, hoy entrecruzados.

Se requiere una aproximación integral, que revierta a ambos lados lo que nutre a guerrilleros y paramilitares: instituciones débiles que no administran justicia, ausencia de oportunidades de desarrollo, funcionarios corruptos e ineficientes que se lucran de todo tipo de contrabandos, e inaceptables solidaridades políticas.

En Caracas, los presidentes afirmaron que no se dejarían descarrilar. En su visita a Argentina, Uruguay y Bolivia, Chávez cuestionó la intervención en Libia, autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU (con apoyo colombiano, a diferencia de la mayor parte de la región), y aseveró que luego Estados Unidos se propone derrocarlo a él. Diferencias como esta serán siempre una prueba para la firmeza del encarrilamiento del tren binacional.