Mujer violada en el autobús cuenta su terrible experiencia

Miguel Urdaneta, el violador detenido

María salió de su trabajo en el norte de la ciudad y esperaba el transporte que la trasladaría, como cada día laboral desde hace dos años, a su residencia en el municipio Jesús Enrique Lossada. Los relojes del terminal de Maracaibo marcaban las 7.00 de la noche cuando se embarcó el 8 de julio pasado en el bus 44 de la línea Maracaibo-La Concepción. Era la unidad que un grupo de delincuentes abordaría, minutos más tarde, para robar y ultrajar a 20 pasajeras, reseña La Verdad.

Ella estaba sentada detrás del conductor y conversaba con otro pasajero del autobús. Luego de 45 minutos de recorrido, justo en el kilómetro 19, el chofer detuvo la marcha debido a los reductores de velocidad. Una mujer con su bebé de meses en brazo se bajó y los criminales aprovecharon para montarse.

“Llevaban las armas en la mano. Nos dijeron que era un atraco y nos pidieron lo que teníamos”, cuenta la mujer, de 50 años, bajo una lluvia de las flores que se desprenden de un caujaro sembrado en el patio de su casa.

Aún nerviosa, calcula que eran 10 maleantes, aproximadamente. Estacionaron el bus cerca de un botadero de basura. Cerraron las ventanas y apagaron las luces. Con sus ojos enrojecidos -María sospecha que por consumo de droga-, obligaron a los pasajeros a bajarse. Llevaron a las mujeres aparte… para violarlas.

María, viuda desde hace dos años y sostén de su familia, encontró a una niña de 11 años. La vio sola y la quiso proteger; la sostuvo entre sus piernas, pero uno de los maleantes la tomó por el brazo para llevársela con él. La mujer y la niña permanecieron tomadas de la mano por unos segundos. Mientras el hombre la jalaba, la menor se aferraba. “¡No quiero ir, yo no quiero!”, gritaba la niña, de origen wayuu. La mujer no pudo hacer nada. “Se la encomendé a Dios. Luego la vi y por sus piernas bajaban hilos de sangre”.

Una mujer embarazada fue otro de los blancos de los depravados. Entre tres la atacaron. “Las mujeres les pedíamos que no le hicieran nada, pero ellos no escuchaban”.

Historia de terror

A María le tocó luego su turno. La llevaron cerca de donde abandonan los cauchos. Estaba a cinco metros de distancia del autobús. En el lugar ya se encontraban tres mujeres. Desnudas, sollozaban desconsoladas. “Lloraban en silencio, porque estábamos bajo amenaza. Cuando nos tardábamos para desvestirnos, nos apuntaban con los cañones”. Las intimidaban con armas largas y cortas.

No soltó su ropa interior; no quería perderla. Tres hombres se rotaron para abusar de ella. Uno la penetró con su arma de fuego. “Conmigo no manipularon el arma, sólo la metieron. A otras las desgarraron con la misma pistola con la que nos apuntaban”.

Sus pensamientos viajaron lejos… hacia su familia. “Pensaba en mis hijos, mi nieta y mis hermanas, que también usan el transporte público a diario. Mi familia me dio la fuerza que necesité para aguantar”.

Eufóricos, los abusadores consumían psicotrópicos. En medio del festín, hacían que las víctimas comieran la droga. “Algunos aspiraban un poco la droga que tenían; el resto se lo dejaban en la boca y nos hacían besarlos. Tuvimos que probar lo que ellos usaban. Mis ojos, pómulos y nariz estaban rojos”.

Atribulada como estaba cuando la soltaron, María ayudó a vestir a las víctimas. Ya se habían marchado los violadores. “Las mujeres parecían robots. Cuando les comenzaba a poner la ropa ellas se acomodaban sin pensar”.

Apenadas -y algunas hasta llenas de sangre en sus extremidades-, se colocaron la ropa que hallaban en la oscuridad. “Yo no preguntaba si las prendas eran de ellas, sólo las vestía con lo que encontraba”.

A las mujeres de tez blanca las pintaban con el hollín de los cauchos. Los criminales les decían al oído: “eres muy blanca, mamita”, mientras les restregaban en el cuerpo, senos y brazos el polvillo de los cauchos que estaban en el lugar donde violaron a cuatro de las pasajeras. María estaba agotada. Sentía, dice, como si hubiera trabajado todo el día.

Riesgo de contagio de sida

María, una de las 20 mujeres violadas el 8 de julio por delincuentes que interceptaron el bus de la ruta Maracaibo-La Concepción, formalizó su denuncia ante la Fiscalía y la Policía científica.

“En mi mente está todo como si se tratara de una película, cada vez que cierro los ojos las imágenes vienen a mí”. Ella vio cómo los vándalos golpearon a la mayoría de las víctimas.

Entre lágrimas y suspiros, confesó que sus heridas son internas. “Estoy recibiendo ayuda psicológica, pero pasarán muchas noches antes de que pueda conciliar el sueño tranquilamente”.

Para prevenir problemas de salud, recibe asistencia en el seguro social. “Me hicieron un lavado y varios exámenes de salud. Me están haciendo seguimiento para saber si me contagiaron de sida”. Se hizo el primer test para descartar el VIH. Dentro de 15 días tendrá el segundo control; el tercero será en un mes y el último en un año.

María fue una de las pocas que se atrevió a denunciar. “Me da impotencia que las mujeres wayuu se queden calladas. Sé que tienen sus costumbres, pero es importante que se haga justicia”.

El apoyo de sus hermanas y de sus hijos es fundamental para su recuperación. “No puedo echarme a llorar porque me toca mantener  mi familia. Gracias a mi familia y sobre todo a Dios podré salir de esta”.

Cae el primero

José Manuel Sánchez. Miguel Enrique Morales Urdaneta, de 25 años, alias ‘El Miguelón’, está detenido por esta presuntamente implicado en el caso de las violaciones del bus de la Concepción ocurrido el pasado 8 de julio.

Luis Monroy, jefe de la subdelegación Maracaibo de la Policía científica,  explicó que lo detuvieron el sábado en horas de la tarde. Indicó que otras cuatro personas se encuentran plenamente identificas y aunque se negó a dar sus nombres señaló que se encuentran tras su pista.

El arresto se efectuó en la casa del implicado ubicada en el sector El Pendal, en La Concepción. Se le decomiso un revólver calibre 357 el cual se encontraba solicitado por robo desde el año 2002.

Se recuperaron un Hyundai, modelo Getz, placas VDD-95C, reportado como robado y una camioneta Waagoneer vinotinto, la cual usaron para cometer el asalto y posterior violación.

El rústico fue señalado en el homicidio de Jean Carlos Sánchez, quien viajaba como parrillero con su padre de parrillero en una moto por el sector El Cujisal de Palito Blanco cuando fue interceptado por los tripulantes del vehículo quienes les dispararon sin razón. El hecho ocurrió el mismo día y minutos después del robo y las violaciones. El detenido se encuentra a la orden las Fiscalía 39 del Ministerio Público.

Ministerio Público informa que fueron 20 las violadas

De acuerdo a la investigación que inició la fiscal 6° de esa jurisdicción y su auxiliar, Blanca Tigrera y Tatiana Rincón se corroboró que en el transporte público se trasladaba por la población de La Concepción cuando fue interceptado por una camioneta, de la cual se bajaron varios hombres armados, quienes se introdujeron en el autobús y despojaron de sus pertenencias a los 40 pasajeros que se encontraban en la unidad.

Posteriormente, dirigieron el vehículo público a una zona desolada, donde presuntamente habrían procedido a realizar el abuso sexual, en perjuicio de las 20 mujeres que estaban dentro del transporte. Seguidamente, los hombres se retiraron del lugar en su camioneta.

Nilsa Sarmiento – [email protected]