Habla la hermana de Pablo Escobar: Él tenía negocios con el hermano de Fidel Castro

El semanario 6to Poder publica hoy una entrevista exclusiva con Alba Marina, la hermana del capo Pablo Escobar, quien dijo que “Pablo tenía negocios con el hermano de Fidel Castro”.

Pablo Emilio Escobar Gaviria. Ese nombre no deja indiferente a nadie, por lo menos en Colombia. El recuerdo del robusto y alto mestizo proveniente de una humilde familia y que manejó el vecino país a su antojo gracias al poder que le dio ser el capo del cartel de Medellín, despierta el odio más recóndito y el dolor más profundo entre un gran número de sus compatriotas. Se dice que el “zar de la cocaína” asesinó a más de 10 mil personas, entre ellas al candidato del partido liberal Luis Carlos Galán, el aspirante con más opción de ganar las elecciones de 1990.

Manejó la política colombiana y evitó su extradición a Estados Unidos a punta de actos terroristas que enrojecieron muchas calles de varias ciudades del país neogranadino. Las cuales también se incendiaron definitivamente cuando se desató

guerra entre los carteles del narcotráfico, de la cual Pablo era protagonista.

Los políticos le denunciaban y criticaban. Pedían su cabeza, pero a puertas cerradas se beneficiaban de su inmensa fortuna valorada en más de 10 mil millones de dólares. En su libro “Los monstruos”, el historiador inglés Simon Montefiore dice que el narcotraficante fue “el criminal más poderoso, más asesino y más rico del siglo XX”.

Pero también otros sentimientos despiertan el recuerdo de Escobar. Muchos, especialmente en Medellín, aún lo veneran. Para los pata en el suelo de esas tierras, condenados a la pobreza eterna, fue el hombre que les cambió la vida. Les dio de comer, le construyó escuelas. Les convirtió en realidad el sueño que nunca imaginaron cristalizar.

Durante año y medio fue buscado por cuatro mil personas. Comando de Búsqueda (estructurado por el gobierno) y los Pepes (el grupo conformado por narcos, policías y cualquiera que quería verlo muerto a él y a su familia).

Finalmente cae abatido el 2 de diciembre de 1993, en un barrio pobre de Medellín. Los medios y el gobierno de la época describieron la hazaña como el triunfo sobre las drogas y el principio del fin del narcotráfico. Sus familiares y miles de pobres y protegidos lloraron su muerte.

Las lágrimas más amargas quizá las derramó Alba Marina, su hermana y confidente. Para muchos la mujer que más quiso. La más cercana, la que sabía “casi” todos los aspectos de su vida, la que le imploró que parara ya la locura en la que se había sumergido.

En 2010 Marina abandonó la discreción que lleva desde hace 18 años y escribió “la verdad” sobre su hermano Pablo. Su verdad, “la que los medios no conocen”. Sin negar los crímenes cometidos, Alba describe al capo como un hombre bueno, generoso e inteligente.

EL otro Pablo, como se llama el libro tampoco dejó indiferente a nadie en Colombia. Mientras unos lo leen con avidez y le mandan mensajes de felicitaciones a Alba Marina. Otros la critican y deploran el homenaje literario que le hizo. Dice sentirse al igual que toda su familia, orgullosa del apellido Escobar.

El ascenso

¿Cómo pasa los días usted y su familia a 18 años de la muerte de Pablo Escobar

La vida que llevamos es sencilla, tranquila. Yo vivo con mi hijo menor, que tiene 18 años y estudia Derecho. Mis otros hijos están casados, son profesionales y viven bien. Todo tranquilo.

Yo fui profesora pero desde hace muchos años no ejerzo el magisterio. Vivo de una flota de taxis y tengo una finca que tiene ganado lechero.

¿El apellido Escobar cuán pesado es para Alba Marina y su familia?

La gente que nos conoce nos quiere y nos respeta. No hemos tenido ningún problema con el apellido, es más todos estamos muy orgullosos de ser Escobar.

¿Colombia les perdonó? ¿No sienten agresiones por parte de la gente o los medios, cuando se enteran que ustedes son familia de Pablo Escobar?

Sinceramente nadie se mete con nosotros. En la calle muchas veces nos reconocen, pero más que agresiones lo que hay es curiosidad. Hay gente que nos abordar para conversar y preguntarnos cosas. Hace poco me subí a un taxi y el conductor me dijo: “señora deme la mano que quiero cuquearle la mano a la hermana de un hombre tan inteligente y tan bueno como fue su hermano”. Nunca nadie me ha insultado o me ha tratado mal. Pero seguramente habrá gente resentida que dicen cosas en contra de nosotros, no obstante nunca nos han agredido.

Tampoco persecuciones desde los gobiernos

No, sólo la persecución que nos hicieron luego que Pablo murió. Pero eso fue hace muchos años. No nos sentimos perseguidos absolutamente por nadie.

Me gustaría que recordara esos días de persecuciones

Luego de que Pablo murió nos quedamos solos, inmersos en una guerra que en realidad no era de nosotros, pero siguieron matando a algunos de nuestros familiares, unos primos y unos tíos. Allí fue cuando acordamos parar todo eso. Empezamos, mis hermanos y yo, a tratar de hablar con los Pepes, con la gente (Cartel) de Cali y hacer contactos para hacerles saber que nuestra familia no estaba interesada en continuar una guerra que ya habíamos perdido.

¿Esas conversaciones dieron resultados?

Nosotros le enviamos señales, a través de personas que tenían contacto con ellos. Había mucha reticencia a ayudarnos. Había muchos políticos con ellos (los Pepes) se sabía que había mucha gente que algún momento fue beneficiada por nosotros, y esas personas estuvieron de acuerdo en interceder y servir de puente a las conversaciones de paz que se hicieron en Bogotá. Luego de éstas nos trasladamos de nuevo a Cali. El gobierno decomisó muchas de nuestras propiedades y los Pepes se quedaron con el resto, por eso nos prometieron dejarnos tranquilos.

Luego de la muerte de Pablo, le colocaron una bomba a Roberto (un hermano) en la cárcel, también mataron al primo José Luis. A él lo asesinaron en una finca del Peñón delante de sus hijos. Los Pepes, quienes estaban dispuestos a aniquilarnos a todos, a todos quienes lleváramos el apellido Escobar. Ningún gobierno quiso darnos asilo y por ello tuvimos que pactar antes que nos acabaran.

¿El gobierno durante esa época no intercedió por ustedes?

El gobierno de Estados Unidos nos dijo que nos daba visas, pero nos exigieron una cantidad de cosas que no podíamos cumplir: que delatáramos a todo el mundo, por un lado yo no sabía muchas cosas y por el otro, a Pablo nunca le gustó delatar a la gente que trabajó con él, entonces nosotros no aceptamos ninguna propuesta en ese sentido.

¿Cuál es la intención de escribir un libro sobre su hermano, y precisamente ahora luego de tantos años?

Siempre quise escribir, uno de mis sueños era escribir un libro, no necesariamente sobre Pablo, sino un libro sobre mucha de las cosas que pasan aquí en Colombia. No obstante, antes de que mi hermano muriera yo le había dicho que quería escribir un libro sobre su vida. El me respondió que no era el momento que esperara su muerte. Yo siempre escribí poesía y creo que era buena. Ahora estoy escribiendo un nuevo libro que se llama “Cuesta abajo”, es una historia muy bonita acerca de una niña que se escapa de su casa con el marihuanero de la esquina. Es una historia muy bonita porque trata sobre la superación de la muchacha, que luego que matan a su compañero que se había vuelto sicario, queda sola con un montón de enemigos y empieza a manejar su vida.

¿Cuál fue la receptividad que tuvo en su país el libro “El otro Pablo”?

La mayoría de la gente, tanto en Colombia como en el mundo se siente impactada. Me escriben y me dicen que entienden porque escribí el libro, que no pudieron parar de leerlo hasta que lo terminaron. Pero también hay gente que se molestó mucho. Esa gente nunca me escribió. En general he recibido muchas críticas buenas.

Pero en una entrevista realizada el año pasado en la emisora W Radio la criticaron mucho, tanto los oyentes como los moderadores del espacio.

Fue una entrevista muy difícil, hecha con mala fe. Los comentarios en Internet fueron bastante impertinentes, fueron escritos por personas muy resentidas. No sólo por lo que hizo Pablo, sino por todo lo que ha pasado en el país. Con mucho resentimiento y mucha rabia. Pero en todo caso, esos eran los sentimientos que despertaba Pablo: causaba admiración, pero al mismo tiempo causaba rabia, dolor, envidia. A raíz de todo lo que sucedió hay muchos sentimientos encontrados. Uno debe entenderlo.

Incluso en esa entrevista una joven muy dolida le escribió que el gentilicio de los colombianos estaba manchado por Pablo Escobar. ¿Qué le contesta usted a las personas que señalan que el libro no es real que es una historia edulcorada sobre su hermano?

Esa es la historia de mi vida, pero yo lo pensé cuando lo escribí por eso en el libro hago la aclaratoria para los que aseguran que estoy mintiendo.

Usted cuenta cosas muy bonitas de su hermano, y él siempre dijo que usted era su hermana más cercana. Debido a esa aproximación usted debió haber estado enterada de todo lo que hacía su hermano.

Nosotros sabíamos que era narcotraficante y casi todo lo que hacía. Le decíamos “Pablo estamos en una guerra, la gente nos pone bombas. A mí me pusieron dos bombas”. Yo hablaba mucho con él y le decía que escogiera entre ellos, entre ese mundo y su familia.

¿Cómo empieza Pablo en ese mundo?

El camino que tomó Pablo es muy sencillo de explicar.

Nosotros vivíamos en un país donde había cinco ricos, cinco familias ricas y poderosas y los demás éramos pobres.

Las cinco familias ricas y poderosas explotando a todo el mundo, a todos los colombianos. Llegó Pablo Escobar, un “pelao” que terminó su bachillerato y que luego empezó a estudiar Contaduría en la universidad y se dio cuenta que por las injusticias que había nunca iba a tener dinero, ni siquiera estudiando una carrera. Entonces se dedicó a contrabandear cigarrillos, electrodomésticos. Empezó a ser amigo de la gente del hampa, de los que robaban carros; y de un momento a otro se dio cuenta que había un negocio más rentable que era el contrabando de cocaína. Ese trabajo surgió en cierto modo por un resentimiento contra Estados Unidos. Yo pienso que Pablo no pensaba en el daño que les hacía a las personas, enviando esa cocaína. Sabía que esa droga la consumían los artistas y millonarios, el alcalde de Nueva York. Él vendía la droga y los colombianos la cobraban, y digo los colombianos porque casi el 80% estaba metido en ese negocio. Estamos hablando de 1974, cuando todo el mundo consumía cocaína.

Jhon Jairo el famoso guardaespaldas de Escobar, que era conocido como Popeye,

también escribió un libro sobre él. ¿Lo leyó?

No lo he leído y tengo años que no veo a Popeye, desde los tiempos de La Catedral. ( La cárcel donde estuvo preso Pablo con todas las comodidades y de la cual escapó)

INtertítulo  el lavado de dinero  La conversación con 6to Poder, desde un comienzo se dio de forma amena y relajada. Casi olvidamos con quién y de quién se estaba hablando. Alba Marina de vez en cuando reía, sobre todo cuando recordó el cuento del lavado de dinero.

“Una hermana mía llegó una vez a mi casa y me dijo que un amigo policía le había advertido que a Pablo lo iban a poner preso porque lavaba dólares. Ella me aseguro que sí porque creyó haberlo visto hacerlo en una quebrada cerca de la casa. Tanto mi hermana como mi madre pensaban que todos los peones que trabajaban para Pablo lavaban ese dinero en el río. A me dio mucha risa porque yo sabía qué era lo que eso significaba. Todas esos términos, como sicario, capo, los fuimos aprendiendo a través de los años. Tanto mi hermana como mi madre exigieron ver a Pablo para que le explicase “esa gravedad” de lavar los dólares. Una vez en su casa le pidieron a Pablo que dejara de lavar los dólares en esa quebrada. Pablo me miraba y se reía, pero no les dijo nada, sólo les aseguró que solucionaría ese problema. Al tiempo debíamos viajar mi mamá y yo a Suiza, donde estudiaban los niños de la familia, Pablo nos mandó los dólares para el viaje y estaban como teñidos con una tinta morada. Le di la mitad del paquete a mi madre para no tener problemas y cuando los vio manchados dijo: “esos trabajadores de Pablo no sirven para nada, porque ni siquiera fueron capaces de lavar bien esos dólares”.

Cansada de la ignorancia de su madre, Alba Marina le explicó en qué consistía el término y nos comentó que doña Hermilda ni se inmutó cuando al fin supo de qué se trataba, “porque todo el mundo lo hacía”.

Usted cuanta esa anécdota y me hace preguntarle ¿Cuánto sabía la familia de las actividades de Pablo Escobar y cómo se fueron enterando de la realidad?

Eso fue un proceso, no fue de la noche a la mañana. Poco a poco todos nos fuimos dando cuenta de las cosas, de lo que Pablo hacía. Él no hablaba mucho. De repente uno veía que Pablo se metía a contrabandear, que fue a la cárcel por robo de carros. Ya uno empezaba a darse cuenta de sus andanzas. Un día llegó con unas panelas y me preguntó si quería conocer la cocaína en bruto. Yo le dije que me la mostrara. Para mí todo eso era tan normal. Era otra época, la gente no puede entender eso. En esas cosas del narcotráfico, esas cosas de la droga había mucha gente involucrada. Yo no creía que era malo. Lo que yo sabía es que por llevar droga a Estados Unidos podíamos estudiar. Un tío de mi esposo le pagó su carrera universitaria por esos medios. Eso estaba expandido a nivel nacional. Cuando Pablo empezó a adquirir poder a mi casi se me arrodillaba toda Colombia a pedirme favores.

¿Quiénes se le arrodillaban?

La gente que quería favores de Pablo. Todo el mundo quería conocer Nápoles (La hacienda más famosa de PE, que fue visitada por políticos, artistas y deportistas de muchas partes del mundo). Mucha gente de todos los ámbitos. Pero ahora a la que no le conviene que yo diga sus nombres o los recuerde. Además yo a estas alturas estoy viviendo muy tranquila y en paz y no me voy a meter en problemas.

Esos personajes eran o son del mundo de la política, la farándula…

Había de todo y de todas partes, no sólo de Colombia.

¿Todo el mundo sabía quién era usted?

Mucha gente. Mucha gente quería hablar conmigo para que intercediera por un secuestrado, para que Pablo lo rescatara. Él tenía contactos y podía ayudar a los familiares de las personas que estaban secuestradas. También me pedía ayuda para evitar ser asesinados o extorsionados (por bandas que no eran las de Pablo, aclara).

¿Cómo era la relación de Pablo escobar con la guerrilla?

Él era muy amigo de la gente del ELN y del M 19.

¿Y usted sigue en contacto con ellos?

No nunca los tuve. Sólo con Iván Marino Espino (guerrillero colombiano, segundo al mando del M19), quien me parecía una persona muy inteligente, a él lo mataron mucho antes que a Pablo. Algunas veces los guerrilleros venían aquí y yo los atendía, pero sólo como puente. Los llevaba a la casa de Pablo. Pero realmente no sé de lo que conversaban.

Usted escribe en su libro que mucha gente traicionó a su hermano. ¿Usted me puede decir cuan sólo se quedó Pablo en sus últimos días?

Cuando los pepes empezaron a perseguirlo, el mismo Pablo se aisló, porque no le convenía estar circulando y hablando con tanta gente. Durante sus últimos días habló con gente del ELN, incluso el día anterior a su asesinato. Pero con los otros no los volvió a ver. Pablo se asiló también para salvar a mucha gente, para que los pepes no los asesinaran por frecuentarlo.

¿Cuando fue a última vez que vio a Pablo con vida?

Fue en una reunión con gente del ELN, ocho días antes de morir él se reunió con ellos. Yo estaba en la cocina él fue para allá y allí nos despedimos, luego el día de su cumpleaños yo le mandé una champaña, con todas las tarjetas que les enviaron. Una amiga mía me entregó una carta que él me escribió desde una caleta.

Federico Olioso/6to Poder