6to Poder: La rebelión de los pranes

(Foto Junny Sánchez)

La ministra Iris Valera ha destacado la “obligación de investigar a fondo a todas estas personas que estaban prestando servicio de custodia en La Mínima, incluyendo al director de ese centro penitenciario” y a los guardias, entre ellos los que estuvieron secuestrados.

 

12 fueron los días de angustia que vivieron más de 50 trabajadores secuestrados dentro del penal

Huelgas de hambre, automutilaciones, reyertas, homicidios, y secuestros de funcionarios han puesto a las prisiones en el primer plano de la actualidad noticiosa en Venezuela, un país que se ha acostumbrado a escuchar malas noticias, como los sucesos en las penitenciarías.

Estos centros de reclusión son un negocio que suma varios millones de dólares al año, donde se cobra y se paga “la vacuna” a los conocidos pranes, o jefes de las mafias, por todo: por no ser asesinado, por dormir en un mínimo espacio, por permitir el viaje hasta el tribunal, por comidas o bebidas, por tener un arma o por consumir drogas.

La situación en las cárceles venezolanas escapa del control de las autoridades públicas. Los privados de libertad manejan sus propias leyes, cuentan con una organización dentro de los penales del país y, por supuesto, tienen a su disposición un arsenal que los coloca en el imperio de ilegalidad.

Los familiares y rehenes vivieron momentos de angustia durante 12 días en el penal de Tocuyito. Algunos se rehusaron a declarar, pues estaban afectados psicológicamente, mientras otros lo hicieron aún con el temor de recibir represalias de los “pranes”, o ser sancionados por el Ministerio de Servicios Penitenciarios.

En medio de esta crisis, la ministro Iris Varela anunció el 26 de octubre una averiguación contra todo el personal del centro de reclusión por la posible “complicidad” que pudiera existir al momento del secuestro. Los rehenes, que accedieron a declarar “sin pelos en la lengua”, solicitaron protección para evitar alguna sanción contra ellos.

Las paredes de la cárcel de Tocuyito reflejan el deterioro de sus instalaciones, y sus oxidados barrotes son la línea de separación entre el “infierno” que viven a diario cientos de reclusos hacinados, ganándose cada minuto para sobrevivir, y la amada libertad.

Son seres humanos que parecen estar “muertos en vida”. A pesar de los errores que pudieron cometer han desatado una ola de protestas por su derecho a ser tratados con dignidad.

El pasado 14 de octubre, en la Penitenciaría de Carabobo, los privados de libertad se amotinaron, secuestrando a más de 50 trabajadores del área administrativa y de custodia, por la falta de respuestas ante la grave situación carcelaria que viven.

La antesala

Fuentes vinculadas al personal de Custodia y Seguridad de la Penitenciaría de Carabobo señalaron que el jueves 13 de octubre, a partir de las 3:00 pm, ocurrieron “movimientos extraños” por parte de la Guardia Nacional Bolivariana y los conocidos “pranes” del penal. Los llamados “líderes” de la cárcel sostenían conversaciones -“con una sombría intención”, según la fuente- con los funcionarios encargados de velar por la seguridad externa del centro de reclusión, por lo cual el personal de Seguridad y Custodia activó el protocolo correspondiente y movilizó a los privados de libertad a sus celdas.

Los internos con más poder y de alta peligrosidad, recluidos en la torre de máxima seguridad de Tocuyito, han gozado el beneficio de vagar por todo el penal, presuntamente por acuerdos con Alejandro Valero, director del recinto.

En esta cárcel están varios “pranes” que han sido noticia, como Wilmer Brizuela, alias “Wilmito”, sentenciado por secuestro en grado de coautoría; Yorvis Valentín López, alias “Oriente”, procesado por los delitos de secuestro, homicidio, robo agravado y lesiones graves; Joan José Romero, alias “Joan Petrica”, líder de una banda de secuestradores que operaban en el centro del país, entre otros que han desatado terror y zozobra en el país.

Ese mismo jueves, alrededor de las 8:00 de la noche, el suspenso se apoderó de aquel reten, el personal de Seguridad y Custodia tuvo una reunión en el penal para evaluar la situación, pues sospechaban que algo venía “cocinándose” en los pasillos, notificando esa misma noche al capitán encargado de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) sobre el evento ocurrido en esa tarde.

El asalto

Luego de una revisión por parte de la GNB, debido a las denuncias efectuadas por el personal de Custodia la noche anterior, el viernes 14 de octubre a las 11:45 de la mañana se dio inicio a la toma del penal de Tocuyito por orden de los “pranes”.

Los privados de libertad descendieron de la Torre B (máxima seguridad) armados con chuzos y chopos, disponiendo en ese momento de la vida y el miedo del personal de Custodia. Los cabecillas de la rebelión portaban seis granadas y tres pistolas: una Glock 9mm, una calibre 22 y una Veretta.

Dos de los pranes se movilizaron a la Torre A (mínima seguridad) para someter tanto a los internos que allí se encontraban como al personal de custodia. El instinto criminal del conocido Capitán Bolívar” se desató durante el traslado de los secuestrados desde el área de la cancha a la enfermería –zona restringida- y amenazó al custodio que allí se encontraba para tener acceso al área y controlar a su antojo el resto del edificio administrativo de la penitenciaría.

Ubicados en el área de enfermería, muchos custodios recibieron una “paliza”, desde golpes en la cara hasta patadas. Allí, los pranes tomaron al jefe de régimen para quitarle las llaves del parque de armas, pero como éste no las tenía, violaron con otras herramientas la entrada del depósito de defensa del penal y sacaron 17 escopetas y 12 revólveres.

Mientras tanto, en la enfermería ordenan dividir en dos grupos a los secuestrados: 23 mujeres fueron trasladadas a la Torre B, letra E5 –lugar donde se alojaban los pranes del penal- y 30 hombres fueron enviados a la Torre B1 hasta el día sábado 15 de octubre.

Los reclusos que fueron trasladados del Rodeo I y II a la Penitenciaría de Carabobo fungieron como “soldados” de los pranes de Tocuyito para tomar el control del resto de penal. El sábado 15 de octubre, a las 6:00 am, a punta de golpes, fue trasladado el personal de custodia masculino a la Torre A5.

Luego de 12 horas de incertidumbre, el pran “Jacksito” informó a los secuestrados que los mantendrían en estado de inhibición, quitándoles el derecho de consumir alimentos y líquidos. Por lo tanto, durante más de 24 horas y de la manera más inhumana debieron beber agua sucia estancada en la celda para no deshidratarse.

El plan inicial

Una de las informaciones que circuló el domingo 16 entre los secuestrados era que el pran “Oriente”, conjuntamente con sus aliados, planeaba una revuelta para tomar el centro de reclusión el día lunes 17 con el objetivo de “dar muerte al director Alejandro Valero”, conocido como “enemigo a muerte” del pran que causó la crisis en el Rodeo I y II, según la fuente, que por razones de seguridad pidió no ser identificada.

Por ello, el principal líder de La Mínima, “Wilmito”, inició la “toma preventiva” que fue utilizada para exigir respuestas a los problemas de la comunidad penitenciaria del país.

Los pranes de La Máxima notificaron a Valero que no entrara al penal, ya que el plan era matarlo. “Desde el primer momento se tuvo la impresión de que el director Valero estaba en conocimiento de lo que sucedía en el centro de reclusión” agrega la fuente.

La liberación

Cuando se instalaron las mesas de trabajo para poner punto final al conflicto, conjuntamente, con el Ministerio del Poder Popular para Servicios Penitenciarios, se inició a la liberación de los secuestrados que añoraban encontrarse con sus familias y seres queridos, al salir del infierno que les obligaron vivir.

De la totalidad de custodios, que desde el viernes 14 de octubre estaban retenidos por los “pranes” del penal, fueron liberados 11, excepto los conocidos “mamones” –cuatro escopeteros- quienes no están dispuestos a negociar con los reclusos, y llegaron al extremo de querer matarlos por el papel que han ejecutado dentro del penal.

Esa ejecución no se realizó, ya que Joan Romero “Petrica” echó para atrás la decisión, comentando: “Ese no es el negocio”.

El traslado dentro del penal era incesante entre los días martes 18 y viernes 21. Los custodios estuvieron encerrados en los baños de los calabozos asignados a funcionarios policiales que habían sido sentenciados por delitos. Allí tenían prohibido hablar. Solo les entregaron un televisor después de “negociar”.

El lunes 24 de octubre liberaron a los últimos custodios de la Dirección de Custodia y Seguridad, quienes estuvieron al filo de la muerte durante 12 días, arriesgando su vida por cumplir con su deber.

Al día siguiente liberaron a los últimos 10 secuestrados, incluida la directora encargada del reten, Karina Villalobos. Fuera del penal, los familiares se reencontraron con los liberados entre llantos y abrazos.

El gobierno trata de poner fin a la crisis provocada por el hacinamiento y el retraso procesal en las 34 cárceles del sistema penitenciario, que con capacidad para unos 14.500 presos, albergan a 44.520 y que continuarán siendo escenarios de enfrentamientos entre bandas y todo tipo de delitos mientras no se den respuestas a la población penitenciaria, que a pesar de sus errores, exige dignidad.

Alberto rodríguez P./ 6to Poder