El ex presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, es el último de una serie de mandatarios y ex mandatarios suramericanos en ser diagnosticados con cáncer.
Su esposa, Marisa Letícia, le afeitó su barba de más de 30 años en su departamento de San Pablo, donde lleva adelante el tratamiento contra su enfermedad. Sin secretos, sin cortinas. A plena vista, como debe ser en una sociedad transparente.

Lula, de 66 años, recibió el pasado 29 de octubre un diagnóstico de cáncer en la laringe y dos días después empezó el tratamiento con quimioterapia en el Hospital Sirio Libanés de Sao Paulo, donde le fue descubierta la enfermedad.
El expresidente permaneció sólo unas horas en el hospital y luego se recluyó en su apartamento en Sao Bernardo do Campo, ciudad vecina de Sao Paulo, donde ha continuado con el tratamiento.
En su residencia, Lula ha recibido desde entonces la visita de varios políticos brasileños, entre ellos la presidenta Dilma Rousseff, su sucesora.

