Perduran las huellas de la tragedia de Vargas

Cualquier lugar del estado Vargas está marcado por la tragedia de 1999. La parroquia La Guaira tiene todavía algunas calles del casco colonial con escombros y tierra. En el sector Gavilán se encuentran varias viviendas en ruinas por efecto del deslave, reseña El Nacional.

En Carmen de Uria quedan en pie las bases de algunas viviendas destruidas por el deslave de hace 12 años RAÚL ROMERO

En Macuto, la alcaldía ha invertido más de 2 millones para recuperar el paseo turístico. El recorrido se interrumpe en el extremo sur con el hotel Alemania, que tiene más de 100 años de construido y amenaza con derrumbarse, y el restaurante El Criollo, clausurado y con toneladas de arena y escombros en su interior.

En la avenida principal de Macuto, sector La Veguita, se observan algunas edificaciones nuevas de dos pisos, construidas por el Gobierno; pero en las calles internas del barrio sobreviven varias familias en casas que están a punto de caer y vías intransitables. La amenaza del río está latente cada vez que llueve, porque algunas losas del embaulamiento empezaron a dañarse. La zona es considerada de alto riesgo, según la extinta Corpovargas.

En Los Corales, más de 200 familias están dispersas entre quintas abandonadas y edificios invadidos. En la parte baja, los residentes carecen de red de cloacas y acuden al río para abastecerse de agua.

Varias calles siguen afectadas y algunas viviendas, recuperadas a medias, muestran las huellas de los embates de las aguas de lluvia de 1999.

Dos edificios, Queniquea y Coral Mar, que en 2009 fueron dinamitados por el Gobierno, se erigen como testigos de la desidia.

A pesar de los anuncios y del dinero gastado, Vargas sigue marcado por la tragedia de 1999. | Raúl Romero

En el sector Quebrada Seca de Caraballeda, un centenar de familias ocupan lo que queda de las casas que el río arrasó. Muchas sin puertas, ventanas y graves daños en la estructura, hoy sirven para que quienes no tienen vivienda se refugien. La vía principal está deteriorada.

No quiero recordar. Carmen Rosa Álvarez, procedente de Carmen de Uria, ocupó una de las quintas de Los Corales dos meses después de diciembre del 99. “No quiero recordar.

Perdí a mi esposo y a tres hijos. Aquí estamos en esta casa.

El dueño vino y nos prometió una vivienda. Cuando él diga que nos debemos ir, lo hacemos porque esto no es mío y hay que respetar lo ajeno, así no tengamos para donde irnos”.

Leyda Montiel vive en otro inmueble abandonado. “Soy del sector El Caimito y aquí estamos 12 personas desde hace 7 años. Los dueños han venido y quieren recuperar su casa. Nosotros estamos esperando por la nuestra”, dijo.

Hace 12 años

En diciembre de 1999, se produjeron lluvias torrenciales en el estado Vargas, Venezuela. Estas generaron una catástrofe con unos 15,000 desaparecidos unos 3,500 millones de dólares de pérdidas, así como la destrucción de más de 15,000 viviendas y unos 75,000 damnificados.

Las precipitaciones registradas en la estación meteorológica del aeropuerto de Maiquetía, presentaron un promedio anual de 510 milímetros durante los últimos cuarenta años. En el año 1999 se multiplicaron de manera significativa alcanzando 1910mm. Adicionalmente, debe señalarse que las lluvias acumuladas hasta el mes de octubre, presentaban una proyección anual del orden de unos 500mm. Pero hacia finales de año se produjeron importantes incrementos en relación con la referencia promedio.

El mes de noviembre y especialmente en diciembre se produjeron precipitaciones significativas: 15 días de lluvias torrenciales continuas desde finales de noviembre, hasta alcanzar 911mm en 3 días. Durante un periodo muy corto tuvimos lluvias de gran magnitud y en particular, el día 15 de diciembre en la noche llegamos a tener lluvias, que en una hora acumularon más de 72 milímetros . Todo esto generó una perspectiva catastrófica para el Estado Vargas.

La noche del 15 al 16 de diciembre de 1999, las lluvias originaron la transformación de pequeños riachuelos de verano en ríos inmensos que bajaron de las montañas. El efecto de pendientes mayores a 30º, una vez saturados los suelos por la acumulación de las precipitaciones, generaron numerosos movimientos de masa y progresivamente produjeron erosión, desprendimiento de la capa vegetal, arrastre de sedimentos y formación de flujos de lodo, materiales vegetales y troncos en un flujo que fue aumentando en densidad por la mezcla con material fino, hasta ser capaz de levantar rocas de gran magnitud, desplazándolas grandes distancias. Los flujos fueron de densidades y características muy variadas, desde flujos de agua, de ocurrencia anual, hasta flujos hiperconcentrados y de detritos (Grases et al, 2000, Urbani, et al, 2000). Este proceso destruyó edificaciones y todo tipo de infraestructura, produjo pérdida de la capa vegetal en zonas montañosas, alteró historias locales, cambió la geografía, desapareció playas y modificó el frente costero y produjo severos daños en asentamientos urbanos, generó muerte y desolación en el Estado Vargas y un profundo pesar en el pueblo venezolano, ensombreciendo la celebración de la navidad del  año 1999 y la llegada del nuevo milenio.

Se analizó el fenómeno ocurrido en 1999, y al compararlo con el ocurrido en 1951, en el, cual también se produjeron fuertes lluvias y arrastre de sedimentos, se determinó que el fenómeno de 1999 tuvo un mayor poder destructivo (Urbani et al, 2000). Otros especialistas indican que “el evento fue de carácter extraordinario y único a escala mundial, en lo que se refiere a erosión, transporte y deposición de materiales por procesos fluviales. Los aludes torrenciales modificaron significativamente la línea de costa del litoral central en una franja de 50km aproximadamente, depositando un estimado de 20 millones de metros cúbicos en los conos de deyección de las quebradas”,  “una estimación del período de retorno para las lluvias máximas de 24 horas lo ubica en el orden de 500 años”.  (López el al. 2000). Esto demuestra el enorme potencial de daño del evento ocurrido y evidencia el significativo daño generado.

fotos: Alfredo Allais