Tuve que atender el llamado de la camarada Dolores. Insistente como es, su voz persuasiva esta vez combinaba la fascinación y la urgencia. Cuando ella dice “necesito verte”, siempre parece una demanda que más que brotarle de alguna idea, le manara desde las ganas. Me invita a una casa del Country Club a la cual llego cuando la tarde se ha vuelto noche en los follajes de la aristocracia caraqueña. Me imaginé encontrarme algún viejo oligarca de los que de niño retozaban en la antigua hacienda Blandín y al abrirse la fortificada puerta me encuentro a un joven de esos que hace poco tiempo era un aficionado a la lotería y al 5 y 6, convertido por obra de la taumaturgia revolucionaria en boyante empresario, de los que hacen milagros y de hoy para mañana tienen millones, aviones y hasta amigos. Todo era nuevo, remodelado, con cuadros, libros y ornamentos, comprados por docenas y, caros.
Muy amable, este filósofo del business comienza a hablar de lo difícil que están los tiempos en el mundo, mientras me aburría como unGiordani en espera de la impuntual camarada. A pocos minutos antes de entrar en desesperación, escucho el ronroneo de las motos y puertas que abren con el reconocible crujido que tiene el poder cuando irrumpe. Entra Dolores como río en conuco, le da unas palmaditas en la cara al anfitrión con un sardónico “Omar, ¿cómo estás? Tienes cara de haberte ganado pocos millones esta semana… Déjanos por ahora, después nos tomamos un trago”, dice la visitante que parece dueña.
Mientras el confuso Omar obedecía como caniche regañado, Dolores se desplazaba como nave insignia de una flota de amazonas fantasmales en los salones de la opulencia escarlata. Socarrona como es disfruta y conoce los secretos de los bienestares súbitos.
Entramos al salón que Omar tiene dispuesto como estudio, lleno de computadoras, libros, informes bancarios, alfombras, y decoraciones de utilería. Dolores se despoja de la chaqueta, queda su transparente franela asida a su brioso busto, mientras la cincha que la rodea sostiene sus teléfonos, adosados a su atrevida grupa. Se dispone a la confidencia mientras sus piernas buscan acomodo en el diván.
NO SE LE CREE NI CUANDO MIENTE. Antes de que comience su historia le digo que parece mal informada porque había sostenido hace poco tiempo que los militares acusados de vínculos con el narco y las FARC, en vez de ser relegados ahora son los que mandan. Sonríe: “estaba segura que vendrías con esto; pero sí tú no entiendes que Hugo se ha vuelto impredecible entonces no entiendes nada”.
-Apartar a los cuestionados era la decisión, hasta que él supo que los ligados al Frente Francisco de Miranda estaban en planes para la sucesión. Diosdado los montó y le llevó las pruebas a Hugo. No olvides que en julio de este año los generales serán los de su promoción. Sin embargo…
-¿Ahora me vas a decir que aunque raspó a Jaua y compañía siguen con poder?, planteó con ironía.
-No lo creerás, pero al circo de Hugo le crecieron los enanos: todos mandan porque él no puede ejercer el mando cotidiano, no tiene fuerzas para hacerlo. Intenta ocuparse de “las grandes decisiones” mientras la mayor parte de sus días permanece aislado en el intento de un reposo que su voluntad y el caos interno le niegan…
La camarada se yergue se su cómoda postura y casi en plan de combate me dice: “Hugo ha pensado en Carvajal como cabeza del superministerio de inteligencia que quiere crear, que unifique al Sebin, DIM, las áreas del Cicpc y de los componentes militares”. Cuando observa mi incredulidad argumenta:
-A los civiles cuerdos, todavía lo soy, no nos gusta esta idea, pero viene una guerra sucia y total contra dirigentes de la oposición, afirma con preocupación.
-No pienso que dé resultado alguno-, le contesto. -A Chávez no se le cree ni cuando miente.
-Bueno, cree lo que quieras pero eso viene con la estrategia de intimidación.
-¿Por qué me dices esto?, inquiero.
-Porque sabemos que la situación huele a cadaverina, y la continuidad de nuestro proyecto pasa por alguna forma de diálogo, aunque no sea ése que ustedes tenían con la burguesía tradicional que ahora no existe y la nuestra -como ves en esta casa- apesta.
ATENCIÓN, FIRRRR… Dolores me deja saber la sorpresita “que les viene”: el 4 de febrero Hugo ha ordenado movilizar 3 millones de personas hacia la capital para hacer la demostración más gigantesca de la historia. “No sé si eso va a funcionar porque hay mucho desgano en las regiones; pero la idea es paralizar a los opositores con una fuerza de masas que ustedes dicen ya no existe y los desmoralizará”.
-¿Cómo pueden pensar en hacer eso ante tanto desastre?, me atrevo a preguntar.
-Como recordarás del Viernes Negro de la AN, Hugo confía sobre todo y antes que nada en su voluntad, capaz de traspasar toda muralla. Así está con su salud y con el Gobierno. Él está refugiado en su bunker más confiable y privado: su voluntad.
Después de tomar el bebedizo que la servidumbre de Omar ha traído y algunas de cuyas gotas todavía resbalan por sus labios de mandarina roja, Dolores sostiene que la militarización es producto de inmensa debilidad: “Hugo y todos sabemos que hoy la oposición es más fuerte”:
-Cómo será la cosa que Hugo no se ha podido sobreponer a la estocada de María Corina; hasta quiere volver a decir un discurso en la Asamblea que es, en el fondo, para ella. No sé, los médicos lo habían autorizado a un discurso de 2 horas y media y se tomó nueve; ahora, obsesionado, quién sabe cuánto se tomaría.
-No puedo creer que este personaje pueda estar tan preocupado por María Corina, le digo.
-Mira, a las mujeres que no controla él les teme; algún brujo le dijo una vez que a él lo derrotaría una mujer y ese recuerdo le revuelve el alma… Hugo es fuerte pero su vulnerabilidad somos nosotras y créeme que con cierta nostalgia sé de lo que hablo… María lo vuelve loco.
CAMBIOS. Dolores sostiene que vienen más militares por temor y desconfianza: “Hugo comete un error terminal al rodearse de gente sin destino, acusados y señalados, especialmente los del 4-F, porque a ellos sólo les queda la violencia o la rendición, mientras que la mayoría -incluidos miembros de los altos mandos- jamás moverán un solo dedo para que continúe en Miraflores”.
-Tenemos que prevenir la locura de algunos que dicen que hay que crear un caos callejero si la oposición crece más, dice con alarma.
Me retiro de la mansión de Omar. Mientras desciendo la rampa del jardín, en medio del frío caraqueño, más frío todavía en el Country Club, pienso que el miedo a la derrota puede conducir a los déspotas,acurrucados en sus bunker,a la perdición.
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