El 7 de octubre de 2001, diversas tropas estadounidenses, junto con algunas británicas y de otros países llegaron a Afganistán para establecerse en dicho país y con ello, iniciar una supuesta guerra contra el terrorismo, tras los ataques a Nueva York suscitados el 11 de septiembre de aquel año.
Aquellos que han corrido con mejor suerte, por supuesto que no han tenido una vida fácil. El vivir en medio de la guerra merma el físico y la mente, dejándoles una huella imborrable de por vida.
Lalage Snow es una fotógrafa escocesa que decidió hacer un experimento con soldados británicos del Primer Batallón del Regimiento Real de Escocia. Como explica pijamasurf.com, durante ocho meses retrató a estos caballeros en tres momentos cruciales de su vida: antes de ir a la guerra, su estancia en Afganistán y su regreso a casa.
Este trabajo denominado “We Are The Not Dead”: Soldiers on Afghan Mission (“No somos los muertos”: Los soldados en la misión afgana) nos muestra claramente cómo el gesto de cada uno de los retratados cambió de manera radical durante estas tres etapas. En De10.mx, con información publicada en telegraph.co.uk y en abcnews.go.com, te mostramos 10 de estas fotografías que de seguro te harán reflexionar.
Chris MacGregor tiene 24 años y antes de partir a la guerra, comentó que extrañaría a su familia y sobretodo, a sus perros, pues eran sus mejores amigos y sus más fieles compañeros.
Meses después de haber llegado a Afganistán aceptó que estar lejos de casa es una experiencia difícil de superar, que el miedo es lo que logra mantenerlos vivos y que no hay nada más difícil que ver morir a un compañero.
Cinco meses después, volvió a casa por una lesión en las rodillas y lo primero que hizo fue salir a caminar varios kilómetros con sus perros, sin parar, intentando encontrar un sentido al conflicto armado en el que participó.
Dylan Hughes le tocó participar en la guerra a los 26 años de edad; al principio dijo no tener miedo de ir, pues a fin de cuentas, era su trabajo. Sin embargo, allá se vio cara a cara con francotiradores talibanes, lo cual le hizo pensar que en cualquier momento podía morir.
Regresó a casa un par de meses después, avergonzado del trato que allá se le da a las mujeres y con la idea de que esta es una batalla absurda y perdida.
“Mis amigos creen que soy brava, pero en realidad no es así”, decía Becky Hitchcock antes de partir en casa rumbo a la guerra, la cual decía era un bien para todos, aunque la televisión enseñara todo lo contrario.
Durante su estancia, lo más duro que vivió fue salvarle la vida un soldado afgano, a quien una ametralladora le destrozó la pierna izquierda y le hirió de gravedad. “Sólo olía como a carne quemada, podrida”, recuerda esta mujer, quien al regresar a su país, asegura que vivir tan cerca de la muerte, le ha hecho crecer, madurar y apreciar todo lo que tiene.



