Los Runrunes de Nelson Bocaranda de este 23 de febrero

Mucho hemos escrito sobre el impaciente paciente portador de un cáncer que no ha terminado de salirse de su cuerpo. Desde aquel sábado 25 de junio de 2011 cuando lo escribí en www.runrun.es y luego al día siguiente en un extenso reporte de una página en este diario no hemos dejado de estar preocupados del enfermo y su enfermedad. Varias veces en estos ocho meses -y pueden verse en nuestra web como también en www.ElUniversal.com- nos hemos referido al tema, bien haya sido para aclarar dudas o comentar algunas menciones de otros medios que han publicado datos incorrectos.

En ningún momento, desde esa fecha original, hemos utilizado el asunto de la salud presidencial para buscar palmarés o notoriedad mediática. En su momento rechacé entrevistas sobre el caso, así como este lunes lo hice con 86 medios globales y ayer con otros 35 que querían conocer más detalles luego que por segunda vez el comandante presidente nos diera la razón y confirmara nuestros tubazos.

Tranquilo aguanté la guerrilla mediática roja y la de sus funcionarios -así como la del “narcoprófago oficial” de la nocturnidad televisiva- pues estaba seguro de que estaba cumpliendo con un deber profesional, con la verdad en la mano, ante un asunto que trasciende la censura, la auto censura o el compromiso comercial de algunos medios.

Creo que el país merece conocer esas verdades, sin mediatintas ni intermediarios. Más aún tras la celebración exitosa, por primera vez en Venezuela, de las elecciones primarias de los partidos democráticos que hacen oposición al régimen militarista que lleva más de trece años en el poder. Prevista como está una elección presidencial el próximo 7 de octubre es clave, básico y obligatorio para un gobierno que controla con el dedo presidencial todos los poderes públicos decirle la verdad no sólo a sus seguidores, a su clientela política del PSUV y a sus militares de confianza sino a toda Venezuela y al mundo.

Ha pasado casi un año desde que aparecieron sus dolencias físicas, ocho meses desde sus dos operaciones, y el caudillo rojo no ha hecho caso ni a sus médicos ni a su familia. Ni siquiera ha escuchado a su mentor e ídolo Fidel Castro, o a sus amigos Lula da Silva, Fernando Lugo o Cristina Kirchner quienes han insistido en que se haga los tratamientos debidos y observe las recomendaciones de sus galenos. Lula y la presidenta Dilma Rouseff le ofrecieron el hospital Sirio Libanés de Sao Paulo en su momento, igual que este sábado pasado cuando la presidenta brasilera, hablando a nombre de Lula quien está “en reposo absoluto de su voz pues si hay que operarlo de nuevo quedaría mudo y tendría que utilizar un aparato de fonación”, le reiteró a Chávez- que estaba en Cuba- la misma oferta añadiéndole los tres médicos oncólogos que tratan al ex presidente. La frase que escuché en ese nosocomio brasilero en enero se la atribuyen al ex mandatario: “Chávez se va a perjudicar por su paranoia” refiriéndose a la insistencia de Chávez, reiterada ahora, de operarse en Cuba por “su seguridad”.

Un médico me llamó anoche para decirme que esa seguridad era la de la confidencialidad en torno a lo que encuentren cuando lo abran para operarlo. Temen que en los hospitales que hasta antier fueron la opción como el Militar, el de Clínicas Caracas o el Sirio-Libanés dejen permear la verdad sobre el enfermo. Chávez no se ha venido sintiendo muy bien aunque disimula el malestar. Lo que hizo ante la Asamblea por casi nueve horas, con una sonda y depósitos en sus piernas que no le permitían sentarse para poder bajar la orina, o sus caminatas por Fuerte Tiuna o el simulacro de softbol ente la prensa internacional han apuntado en ese sentido. Por eso el excesivo uso de esteroides que lo han puesto hinchado y cuya primera recomendación de eliminarlos vino precisamente de Brasil.

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