El barrio más grande y peligroso de Caracas quiere mostrar una cara bonita (Fotos)

El enorme y superpoblado barrio caraqueño de Petare quiere dejar de ser un constante protagonista de la crónica roja y comenzar a destacar por su cuidado patrimonio colonial, o la variedad de iniciativas culturales con las que busca espantar la violencia.

Casi 300 casas en un total de 26 manzanas componen el centro histórico de Petare, el mayor circuito colonial de la capital venezolana, que por estos días es remozado gracias a un nuevo plan de restauración del municipio de Sucre, uno de los cinco en que se divide Caracas.

Antiguas iglesias, calles de piedra y casas de una planta con techos de teja forman parte de este conjunto ubicado en la parte baja de Petare, que nació como un pueblito en 1621 pero que cambió mucho hasta convertirse en uno de los barrios populares más grandes de América Latina, con más de 500.000 habitantes.

“La meta es pintar todas las casas y asfaltar todas las calles. Queremos que este espacio, donde hay un ambiente muy distinto al Petare del que todos hablan, sea un espacio de encuentro y recreación”, dice a la AFP Alex Ojeda, presidente de la Fundación José Angel Lamas, a cargo de la restauración.

Con recursos de la municipalidad -en manos de la oposición desde 2008, cuando se impuso al chavismo- los trabajos de restauración incluyen pintura nueva para las fachadas de las casas, asfaltado o limpieza de las calles, restauración de la iglesia principal, mejor iluminación y seguridad en los espacios públicos.

Pero los esfuerzos todavía no son tan visibles y en muchas esquinas se acumula la basura, sobresalen los cables eléctricos de conexiones irregulares o hay muros rayados, mientras los vecinos siguen quejándose de la delincuencia en este barrio, como se llama en Venezuela a las poblaciones pobres y muchas veces informales.

“Hay mucho más por hacer todavía”, reconoce Ojeda.

El cantante de hiphop Johnson Tovar, de 19 años, vive en el centro histórico. Le gustan las nuevas fachadas pintadas de muchos colores, pero piensa que la inseguridad es todavía un gran tema pendiente.

“El centro está más bonito, hay más organización vecinal e integración, pero en cuanto a seguridad está igual o peor”, comenta a la AFP en su puesto de trabajo en un cibercafé que cierra todos los días a las cinco de la tarde, cuando baja el sol y toda la gente quiere rápidamente protegerse dentro de sus casas.

Protagonista habitual de las páginas policiales con noticias de robos, crímenes y pobreza, Petare es uno de los sectores más peligrosos de Caracas, la capital de un país con una tasa oficial de 48 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2010, la más alta de Sudamérica según la ONU.

Ubicado al extremo este de la ciudad, los cerros de Petare están poblados por miles de casas de ladrillos sin pintar, precarias viviendas construidas en laderas inestables a donde sólo se llega por estrechas y larguísimas escaleras.

El barrio también se destaca por noticias sobre la falta de servicios o el peligro que significa cada temporada de lluvias.

“Nosotros queremos tener una vida mejor. Hay que tratar de mostrar la cara bonita también, Petare no es pura delincuencia”, dice a la AFP Bety Díaz, una activa dirigente vecinal.

En la zona donde ella vive, Barrio Unión, se remodeló hace poco un bulevar donde han realizado festivales de salsa o una romántica noche de boleros.

Para divulgar el patrimonio de Petare, la Fundación José Angel Lamas lanzó hace poco una guía turística que incluye un mapa, la historia de su fundación hace casi cuatro siglos y las populares fiestas religiosas como la del Niño Jesús de Petare o la Semana Santa, cuando se realiza un concurrido Vía Crucis en uno de sus cerros.

La nueva guía también destaca el Museo de Arte Popular, la biblioteca o el remodelado Teatro César Rengifo, que después de tres años en reparación hoy exhibe obras a bajos precios e incluso gratis.

Con capacidad para 250 personas, esta sala quiere ser parte del circuito teatral caraqueño. Cada vez que hay una obra, la municipalidad dispone de buses para atraer desde otros puntos de la ciudad al público, receloso de acercarse a Petare.

También intentan llevar el teatro a los lugares más lejanos con obras de calle. La Fundación promueve talleres de teatro y danza o encuentros de los artistas locales con coleccionistas.

“Todo eso de la cultura está bien, pero en realidad un museo y un teatro no son suficientes”, se lamenta el joven Tovar. AFP/Natalia Ramos

 

Fotos AFP