Del ciudadano de la sociedad de consumo se ha dicho que es una larga tripa que ingiere y excreta. De hecho, Los Beatles habían incluido en su bella película El Submarino Amarillo a un personaje con una trompita que chupaba todo lo que le rodeaba, y que, cuando ya no quedaba nada, se aspiraba a sí mismo y desaparecía. Se trataba de algo como un barril sin fondo. Cómo no pensar en eso cuando uno ve lo que ha sucedido en Venezuela!
Un Gobierno que ha ido comiéndose todo lo que había en las arcas; engullendo el petróleo para regalarlo a sus amigotes; despojando a otros de sus pertenencias; a los propietarios de casas alquiladas -hasta las más humildes- de sus derechos sobre ellas; que se ha ido llenando de empresas, de bancos, de fincas, de edificios, de hoteles, y terrenos; que se ha comido las autopistas, los puertos, galpones, estacionamientos; que acumuló en su tripa, para bien de sus corruptos, las divisas que administra; que se llenó de los recursos de las regiones y re-centralizaciones, que desvió; le absorbió la fuerza a las policías locales; se infló con la deuda de obligaciones incumplidas a sus trabajadores; se indigestó con las promesas incumplidas.
La lista es larga y devastadora. Tripa al fin excretó lo ingerido. Claro, convertido en excremento. Todo destruido, desviado, invalidado o desaparecido. Ahora se lleva en un fondo los salarios de los trabajadores:
Tripa, barril sin fondo ¿con fondo de prestaciones? ¿Manejados con criterios partidista para aterrorizar, controlar o despojar a sus trabajadores?
El miedo es libre: casi nuestra última libertad. Cuida el fruto de tu esfuerzo. ¡Vota por la libertad de administrar lo tuyo!
Ese Estado Atila, que donde pisa no crece hierba, ¿cuándo se absorberá a sí mismo y desaparecerá?
Lola Aniyar de Castro /Criminóloga /calcal853@gmail.com
Publicado originalmente en el diario La Verdad (Maracaibo)
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