Eurovision oculta brutal represión en Azerbaiján

En el Chrystal Hall, el gigantesco recinto construido ex profeso por el gobierno de Ilham Aliyev para alojar la gala, todo es lujo, glamour y fantasía, como cada año. Pero cerca de allí, en algún lugar de Bakú, decenas de personas permanecen detenidas por la policía, por el mero «delito» de pedir democracia para Azerbaiyán.

No por casualidad, el Parlamento Europeo ha condenado esta semana la situación de derechos humanos en este país, que «se ha deteriorado considerablemente en los últimos años», según la resolución emitida este jueves. De acuerdo con este organismo, existe una «presión creciente e intimidación de las ONGs y los medios independientes», y «un extendido sentimiento de miedo entre las fuerzas de la oposición y los defensores de los derechos humanos».

Desde que los cantantes azeríes Ell y Nikki ganasen el festival de Eurovisión en 2011 y quedó establecido que, conforme a la normativa del concurso, la siguiente gala tendría lugar en Bakú, el gobierno de Aliyev ha sido consciente de la excelente oportunidad de relaciones públicas que esto representaba para su régimen. El esfuerzo realizado para acondicionar la ciudad ha provocado la expulsión forzosa de cientos de personas, así como una importante campaña de intimidación a la prensa y la oposición, tal y como denuncia Human Rights Watch.

«¡Democracia! ¡Libertad!»
Pero también los opositores han tratado de aprovechar la visibilidad que el festival –para el que se han acreditado más de 2.500 periodistas extranjeros-, lanzando una campaña llamada «Cantando por la democracia». Ayer, un centenar de estos activistas se reunieron en un parque del centro de Bakú para protestar contra las políticas del gobierno, convocando a dos decenas de medios extranjeros, ABC entre ellos. «¡Democracia! ¡Libertad! ¡Dignidad! ¡Respeto a los derechos humanos!».

Las consignas -cantadas, porque nadie se atreve a enarbolar una pancarta- son básicas, pero bastan para atraer, en cuestión de minutos, a un enjambre de policías y miembros de las fuerzas de seguridad, tanto de uniforme como vestidos de civil. Los manifestantes se dispersan y corren por las calles adyacentes. Algunos regresan para gritar eslóganes frente a las cámaras, pero son rápidamente detenidos e introducidos en los coches de policía y autobuses requisados para transportar a los detenidos. Un hombre con una cámara de televisión, que pretende pasar por periodista, está ostensiblemente más interesado en grabar las caras y las identificaciones de Eurovisión de los periodistas extranjeros que la acción a su alrededor. Durante la siguiente hora, se suceden los arrestos en los alrededores. Setenta, nos dirán después los organizadores.

Tampoco los participantes en el festival han podido sustraerse a la polémica. Loreen, la representante de Suecia, se reunió esta semana con activistas pro-democracia. «Los derechos humanos son violados cada día en Azerbaiyán. Uno no debería permanecer callado ante estas cosas», dijo la cantante a la salida del encuentro, unas declaraciones condenadas por el gobierno azerí. «La Unión Europea de Emisiones de Radiotelevisión debe intervenir en este asunto y detener estas acciones politizadas», declaró el jefe de la administración, Ali Hasanov. La actuación de las autoridades bordeó el ridículo cuando ayer, una reportera preguntó a Loreen cuáles eran sus impresiones tras haberse reunido con la oposición, la televisión azerí, que retransmitía en directo, lo tradujo como «la periodista pregunta qué tal se ha sentido tras su actuación en el escenario».

La iniciativa de Loreen ha provocado una oleada de preguntas incómodas para muchos de los participantes en el festival, que en las ruedas de prensa han tratado de evitar las respuestas políticas. Otras, como la francesa Anggun, han optado por defender más o menos directamente al gobierno de Aliyev. «Esta es una democracia muy joven, apenas hace unas décadas que salió de la Unión Soviética», declaró la cantante. «El gobierno no es perfecto, pero ¿cuál lo es?» / Abc.es