El cierre de Radio Caracas Televisión, ocurrido ya cinco años atrás, se ha constituido en la decisión administrativa de mayor trascendencia y en el punto de inflexión más importante en la relación que lleva adelante el actual gobierno con la sociedad venezolana.
No se trata únicamente de haber vulnerado uno de los epicentros emocionales y afectivos de la audiencia venezolana. La compuerta que separa el tradicionalmente sagrado universo de la farándula fue abierta para darle lugar a una áspera diatriba política. El gobierno estaba dispuesto a pagar el costo. Con la baja –temporal, podemos asumirlo- de RCTV el proceso político venezolano conoció un violento y completamente inesperado giro.
Su clausura no sólo lastimó seriamente el perfil industrial de la televisión venezolana y la cantidad de contenidos hechos en Venezuela en materia audiovisual. No hay que cavar demasiado hondo para certificar, a partir de la sanción que hizo salir del aire a la televisora más antigua del país, la absoluta crisis de la alguna vez muy poderosa industria televisiva nacional. De manera más amplia, dio inicio, además, a un lento proceso de decadencia en materia de consumo cultural masivo, vigente hasta la fecha.
A partir de ese momento, y tras la gestación de varias decisiones de similar tenor al remolque –el despojo de la sede del Ateneo de Caracas, la eliminación de subsidios culturales, la clausura del Festival de Teatro-, el universo cultural venezolano pudo comprobar de forma terminante que no tenia en el estado un aliado ausente o un ente medianamente irresponsable, sino ya abiertamente un enemigo. No sólo no podría contar, como es costumbre en todos lados, con su auxilio y su fomento: tendría que arreglárselas como pudiera para hacer realidad su oferta, e incluso enfrentar el riesgo de desaparecer.
La medida de RCTV dio comienzo, además, una nueva etapa en el desarrollo del discurso revolucionario. La advertencia sobre la eventualidad del cierre de un medio de comunicación había sido formulada incontables veces en el pasado. También negada por el presidente y sus colaboradores en similar proporción. El gobierno nacional estaba desconociendo de manera artera y paladina la voluntad de centenares de miles de venezolanos que salieron a las calles a pedirle al presidente que no hiciera eso con RCTV, hecho hasta la fecha inédito en Venezuela. Contra ellos también estaba tomada esta medida.
La ruptura del proyecto político del chavismo con las disposiciones constitucionales –una formalidad cuyas apariencias habían sido guardadas con alguna disciplina hasta entonces- dio lugar al nacimiento de una legalidad paralela de carácter implícito, expresado en un inquietante fenómeno, que a poco andar pudimos comprobar que se haría cotidiano: el desarrollo de un proyecto para la colonización, no ya del estado y sus expresiones funcionales, sino de la sociedad civil, de su autonomía y de sus valores de intercambio cotidiano. Una perspectiva nueva de la política venezolana, imposible de figurarse apenas cinco breves años atrás
Iniciativa que ha sido cumplida de forma parcial y más bien incompleta, pero que, como a todos nos consta, conserva, hasta el momento, intactos y en plena vigencia sus objetivos.
Luego de la batalla política iniciada en las calles, el gobierno se animó a apretar el acelerador: abundaron las multas a otros medios, se consolidó el cerco al sector privado, e hicieron su aparición en los años siguientes, con excusas administrativas similares, otros cierres: un número importante de emisoras radiales, de Caracas y el interior, entre las que sobresale muy especialmente el Circuito Nacional Belfort.
Fue un disparo estudiado, calculado e intencionado, en contra del optimismo y el ánimo nacional. El objetivo no eran los políticos, los adversarios o la oposición: eran los ciudadanos. Poco importaron las súplicas, los recuerdos, los llantos en cámara, los despidos y los desempleados. Lo que el gobierno le estaba diciendo a todo el país era que tenía la firma voluntad de imponerse y construir una nación para el uso exclusivo de su militancia.
Aunque el daño ha sido objetivo y duele contemplar como el paso de los años conforma los perfiles de realidades creadas, hay que afirmarlo: el chavismo no ha podido salirse con la suya. Basta echarle una mirada a sus inconclusos y casi inexistentes proyectos alternativos en la materia. Esta medida, como otras, ha tenido sus costos, que han abierto fisuras y se ha expresado en derrotas. Con el cierre de RCTV el gobierno comenzó a perder elecciones.
El cierre de RCTV no es irreversible. Quedará abolido cuando a Venezuela arribe una nueva voluntad para reconciliar al país. RCTV volverá cuando regrese al país la democracia. Su cierre actual, sin embargo, se constituye en un emblema para comprender la lucha de la sociedad venezolana para impedir que se imponga una sociedad unidimensional.
Luego de la batalla política iniciada en las calles, el gobierno se animó a apretar el acelerador: abundaron las multas a otros medios, se consolidó el cerco al sector privado, e hicieron su aparición en los años siguientes, con excusas administrativas similares, otros cierres: un número importante de emisoras radiales, de Caracas y el interior, entre las que sobresale muy especialmente el Circuito Nacional Belfort.
Fue un disparo estudiado, calculado e intencionado, en contra del optimismo y el ánimo nacional. El objetivo no eran los políticos, los adversarios o la oposición: eran los ciudadanos. Poco importaron las súplicas, los recuerdos, los llantos en cámara, los despidos y los desempleados. Lo que el gobierno le estaba diciendo a todo el país era que tenía la firma voluntad de imponerse y construir una nación para el uso exclusivo de su militancia.
Aunque el daño ha sido objetivo y duele contemplar como el paso de los años conforma los perfiles de realidades creadas, hay que afirmarlo: el chavismo no ha podido salirse con la suya. Basta echarle una mirada a sus inconclusos y casi inexistentes proyectos alternativos en la materia. Esta medida, como otras, ha tenido sus costos, que han abierto fisuras y se ha expresado en derrotas. Con el cierre de RCTV el gobierno comenzó a perder elecciones.
El cierre de RCTV no es irreversible. Quedará abolido cuando a Venezuela arribe una nueva voluntad para reconciliar al país. RCTV volverá cuando regrese al país la democracia. Su cierre actual, sin embargo, se constituye en un emblema para comprender la lucha de la sociedad venezolana para impedir que se imponga una sociedad unidimensional.
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