Según un reporte de la BBC, pese al paso del tiempo y a las modas, nombres como José, Juan, Ana o Isabel continúan siendo populares en América Latina, pero en algunos países (como Venezuela, Uruguay o Cuba, por mencionar sólo a algunos) los padres utilizan mucho la imaginación cuando se trata de elegir un nombre para sus hijos.
Resulta que hoy día es bastante poco común toparse con un simple Miguel o María. Pues a la hora de nombrar a sus vástagos, los cubanos optan por experimentar.
Como es el caso de la maestra cubana Daneisys, llamada así por una combinación del nombre de sus padres: Daniel y Deisys.
Para las maestras, aprenderse los nombres de los niños es toda una tarea. Una de las alumnas de la escuela se llama Odlainer, que es el nombre de su padre Reinaldo, escrito al revés. Otra, Zulkary, le debe su nombre a la protagonista de una antigua telenovela.
Rarezas populares
Usnavy: por US Navy, Marina estadounidense en inglés
Noslenis: es Nelson escrito al revés, más I y S
Yaniel: Daniel, pero con Y
Odlanier: Reinaldo… al revés
Dayesi: Sí en ruso (da), en inglés (yes) y en español
La fiebre por la “Y”
Inmediatamente después de la revolución de 1959 se produjo un aumento notable de Fideles, Raúles y Ernestos, pero no fue sino hasta los años 70 que la imaginación de los cubanos comenzó a desplegar verdaderamente sus alas. Allí fue cuando la letra “Y”, que rara vez aparece en los nombres en español, se convirtió en la favorita de los futuros papás y mamás, dando lugar a Yulieski, Yumilis y Yaraleidis, entre otros.
Incluso hasta los nombres comunes y corrientes se vieron asaltados por la Y. Daniel, por ejemplo, se convirtió en Yaniel.
Era parte del deseo de ser diferente, de afirmar la propia autonomía, en un país donde donde el Estado controla casi todo. O tal vez una manera de aferrarse al color caribeño en una nación cada vez más uniforme. Sin embargo, para el escritor Jaime Sarusky, éste fue un movimiento positivo. “Se trataba de ser original, de estar acorde con la época”, dice mientras conversamos en su departamento el barrio de Vedado.
La popular bloguera disidente Yoani Sánchez bautizó a su blog Generación Y precisamente por la moda de estos nombres exóticos.
La costumbre de poner nombres con Y se fue perdiendo con los años, pero fue reemplazada por otras tendencias. “Hubo Dansisy, por ejemplo”, cuenta Saruksy en referencia a la época en que se inventaban nombres distorsionando palabras en otro idioma. “Eso quería decir que bailaba bien (por dance easy, en inglés), luego estaba Dayesi, que es sí en tres idiomas”, mencionó.
Pero por más extraños que fuesen los resultados, nadie recuerda que las autoridades hayan intervenido para frenar estas ocurrencias. Y en cuanto al daño moral, parece al menos que no son los niños los que están sufriendo. “Es muy complicado cuando recibes la lista de alumnos por primera vez”, explica la maestra Daneisys. “No sabes quiénes son los niños y quiénes las niñas, y escribirlos correctamente es una pesadilla”, añade.
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