En pleno siglo XXI, estamos acostumbrados a ver películas de alta calidad en sonido y efectos, cuando la tecnología 3D, gana más terreno y adeptos. Cuando todos sabemos, quien fue Charles Chaplin, ya sea por recuerdo o referencia y a quien, alguna vez, hemos imitado su forma de caminar con su característico bastón e incluso, utilizado el bigote de utilería como el que tal personaje, llevaba en sus películas.
Una de las grandezas de Chaplin fue que, con su cine mudo, logró captar la atención del público, en obras que llevaban una carga de crítica a los sistemas de entonces y, particularmente contra las guerras mundiales. Aunque su “participación” crítica, durante la II Guerra Mundial, no fue la que los aliados esperaban, sin duda se destacó con una película que, en mi opinión, fue notable.
En 1940, Chaplin rompe su tradicional cine mudo y pasa al hablado, pero como diríamos muchos “entró por la puerta grande” con el filme “El gran dictador”, donde hace duras críticas, en principio al régimen de Hitler, que incluso fue duramente censurado por el entonces jefe de la propaganda Nazi, Joseph Goebles quien dijo “Chaplin es un pequeño judío despreciable”. Seguramente Chaplin, se sintió muy satisfecho, pues esa fue la prueba fiel de que su mensaje había llegado a quien debía llegar.
Quiero compartir con ustedes, la transcripción del ultimo discurso que hace Chaplin en El gran dictador, pues a pesar de haber sido escrito y pronunciado en 1940, hoy, 72 años después, parece un discurso vivo y repetido continuamente,
“Lo siento, pero yo no quiero ser emperador; ése no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos si fuera posible. Judíos y gentiles, blancos o negros.
Tenemos que ayudarnos unos a otros. Los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos. La Tierra es rica y puede alimentar a todos los seres.
El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas. Ha levantado barreras de odio. Nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas.
Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado nosotros. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco.
Más que máquinas, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta. Se perderá todo.
Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana. Exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros. Ahora mismo mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, a millones de hombres desesperados, mujeres y niños. Víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes.
A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará. Y caerán los dictadores. Y el poder que le quitaron al pueblo, se le reintegrará al pueblo. Y así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.
¡Soldados, no os rindáis a esos hombres! que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer, que pensar y que sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado. Y como a carne de cañón.
No os entreguéis a esos individuos inhumanos, hombres máquinas, con cerebros y corazones de máquinas. Vosotros no sois máquinas; no sois ganado. Sois hombres. Lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones. No el odio. Sólo los que no aman, odian. Los que no aman y los inhumanos.
¡Soldados, no luchéis por la esclavitud, sino por la libertad! En el capítulo XVII de San Lucas se lee: el reino de Dios está dentro del hombre. No de un hombre ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres. En vosotros.
Vosotros, el pueblo, tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad. Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa. De convertirla en una maravillosa aventura.
En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble, que garantice a los hombres trabajo. Y dé a la juventud un futuro. Y a la vejez, seguridad.
Con la promesa de esas cosas, las fieras alcanzaron el poder. Pero mintieron. No han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres, sólo ellos. Pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido. Todos a luchar para libertar al mundo. Para derribar barreras nacionales. Para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.
¡Soldados, en nombre de la democracia, debemos unirnos todos!”
Como se puede comprobar, hasta Chaplin, hace un llamado a la unidad, pues solo unidos se puede derrotar a un régimen constituido y sostenido para cuidar exclusivamente sus intereses de mantenerse en el poder por la mayor cantidad de tiempo posible.
La unidad la hemos conseguido, la mantenemos y con ella venceremos el próximo 7 de octubre.
Federico A. Black B.
@FedericoBlackB
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