Semillas de Patilla de hoy lunes 02 de julio de 2012

Lógica socialista signa planes de Gobierno de Cuba y Venezuela

(El Universal)

Se puede decir más alto pero no más claro: Venezuela está enrumbada a convertirse en otra Cuba. Quien a estas alturas no se haya dado cuenta de esto simplemente es porque no ha querido hacerlo. Desde que el comandante presidente se convirtió en el perrito faldero de Fidel Castro, poco a poco ha ido metiéndonos a cuenta gotas el modelo comunistoide que impera en la isla, pero sabiendo como sabe que su revolución está más cerca de desmoronarse que de consolidarse, aprovechará de quemar sus últimos cartuchos tratando de llevar su proyecto a la “barrera del no retorno”. Con ideas como que sólo con el socialismo se pueden vencer las dificultades, que el Estado debe tener el control de todo, que la empresa privada debe estar cada vez más controlada y minimizada, que lo que debe imperar es el sistema comunal y la propiedad social, entre otros tantos despropósitos, se está tratando de desfigurar el Estado tal y como lo conocemos para convertir al país en una sucursal de la paupérrimo y retrasada isla de la infelicidad. Basta ver lo que ha sido de Cuba en los últimos cincuenta años para ver que ese no es el futuro que queremos. Venezuela tiene los recursos para ser una verdadera potencia, pero no en el sentido demagógico como lo plantea Chávez, sino de un modo progresista, estable y, por sobre todas las cosas, independiente. El 7 de octubre los venezolanos elegiremos algo más que al próximo presidente y no podemos equivocarnos, porque darle seis años más a la cubanización nos llevaría justamente a donde quiere llevarnos Chávez, al punto de no retorno.

Según Izarra, las cadenas son imprescindibles

(lapatilla.com)

Bueno, por mucho que rechine reconocerlo, hay que darle la razón al ministro risitas, aunque claro, hay que acotar que son indispensables para ellos, el gobierno y el oficialismo, lo cual no necesariamente implica que lo sea para el resto de los venezolanos. Izarra afirma que con las cadenas se informa sobre la labor del gobierno, aunque sería más preciso afirmar que lo que se hace es prometer cosas a futuro. “Haremos”, “construiremos”, “produciremos”, “sembraremos”. Las cadenas siempre se narran en tiempo futuro, hablando de lo que hará el gobierno, no de lo que hizo, porque si realmente hubiese una obra palpable, visible, no habría necesidad de informar al respecto. Pero las cadenas no son imprescindibles sólo por eso. Como arma para atacar a la oposición están hechas. Basta ver lo reiterativos que son los descalificativos que lanza Chávez contra Capriles o la MUD a través de las ondas para darse cuenta de la verdadera intencionalidad que yace detrás de esas transmisiones. Aunque se ha determinado que el apagado aumenta de manera sustancial cada vez que el gobierno pasa a transmitir conjuntamente con la red de radios y televisoras del país, mucha gente, que en condiciones normales no se tomaría la molesta de escuchar sus declaraciones, al no tener probablemente otra opción, se queda escuchando al presidente y es justamente ese público cautivo, que por alguna razón no cambia de canal o apaga la televisión, al que Chávez quiere llegar, manipular y engatusar, para sacar algún rédito político que se transforme en votos que lo mantengan en el poder. Así pues, efectivamente las cadenas son imprescindibles, para mentir, para agredir, para manipular, para hacer campaña. Imprescindibles.

Chávez advierte a la derecha que tiene listo un plan “Ch”

(Ciudad CCS)

No hay que ser especialmente creativo para saber que el gobierno tiene una agenda oculta. Da lo mismo que se llama el “Plan Ch”, “Plan Anti manjunche” o “Plan contra chayota”, todos saben que ni el comandante presiausente ni el oficialismo va a aceptar de muy buena gana que el pueblo los eche del poder el 7 de octubre a punta de votos. Es más que evidente que el gobierno está, por un lado, jugando a la desestabilización, al rumor, a las acusaciones; mientras que por el otro siembra cizaña y promueve la división y el odio entre los partidarios de una corriente y otra para enturbiar el escenario electoral. Lo que se busca es un plan de contingencia para tratar de contrarrestar su cada vez más probable derrota electoral, bien sea con revueltas, con el desconocimiento de los resultados por parte de las Fuerzas Armadas o con cualquier otra marramucia que a la que se crean en el sacrosanto derecho de apelar en nombre de la revolución por muy anticonstitucional o ilegal que sea. Como quiera que sea, esperemos, por el bien del país, su institucionalidad y de todos los venezolanos, que no se les ocurra recurrir a algo semejante. Venezuela no se los perdonará.