Rigoberto Marcano: El ejercicio empeora factor de riesgo cardiovascular en algunas personas

 Un grupo de científicos del ejercicio han informado, por primera vez, que el ejercicio no puede mejorar todos los factores de riesgo cardiovascular en todas las personas. En el artículo publicado en línea el 30 de mayo 2012 en PLoS One, que combinó los resultados de seis estudios, el Dr. Claude Bouchard (Pennington Biomedical Research Center, Baton Rouge, LA) y colaboradores, demostraron que el 8% a 13% de casi 1.700 participantes experimentó una respuesta adversa al ejercicio en un factor de riesgo específico

Sin embargo, según el autor principal, Dr. Tuomo Rankinen (Pennington Biomedical Research Center), es importante destacar que la mayoría de estas personas experimentaron efectos beneficiosos del ejercicio sobre otros factores de riesgo, por lo que la relevancia clínica de estos hallazgos está todavía en estudio y explorar las razones de este fenómeno.

Sin embargo, es importante hacer llegar este mensaje a la comunidad médica ya que se está comercializando el ejercicio como un medicamento, asi como también informar al público, porque sería casi una falta de ética sólo enfatizar en los efectos positivos del ejercicio. A pesar de ello, nadie debería dejar de hacer ejercicio en este momento, sobre la base de estos resultados. Esto es simplemente una llamada de atención para sensibilizar a los profesionales del ejercicio para entender que existe la posibilidad de una respuesta adversa al entrenamiento físico.

Rankinen explicó que su grupo ha estado estudiando a quienes son “altos y bajos” respondedores al entrenamiento físico durante algún tiempo, y un par de años atrás, se vió una clara mejora en los factores de riesgo cardiovascular y de diabetes con el ejercicio, aunque algunas personas estaban teniendo reacciones adversas al entrenamiento”.

Se decidió estudiar esto con más detalle y se contactó a otros investigadores en el campo para ver si tenían alguna experiencia de este fenómeno. Se revisaron estudios adicionales y se evidenció que, a pesar de que las características de los sujetos y las condiciones variaron un poco de estudio a estudio, esta observación [de una respuesta adversa a un factor de riesgo cardiovascular] fue muy consistente a través de todos ellos, según Rankinen.

La nueva publicación es la culminación de los resultados de seis estudios: the HERITAGE Family Study, Dose-Response to Exercise in Women Aged 45-75 Years (DREW), INFLAME, Study of a Targeted Risk Reduction Intervention through Defined Exercise (STRRIDE), y cohortes de la Universidad de Maryland y la Universidad de Jyvaskyla (Finland)), para un total de 1.687 participantes.

En estos estudios, las respuestas al ejercicio se cuantificaron para los factores de riesgo cardiovascular siguientes: la presión arterial sistólica (PAS), el colesterol HDL plasmático en ayunas, los triglicéridos y la insulina en ayunas. Una respuesta adversa fue registrada si se alcanzó ? 10 mm Hg en la PAS, ? 0,42 mmol / L para los triglicéridos, o ? 24 pmol / l para la insulina, o si se disminuyó ? 0,12 mmol / l el colesterol HDL.

Utilizando las definiciones anteriores, el 12,2% de los participantes tuvo una respuesta adversa para la PAS, el 13,3% para el C-HDL, el 10,4% para los triglicéridos y el 8,4% con la insulina. Aproximadamente el 7% de los participantes experimentaron reacciones adversas de dos o más factores de riesgo.

Los investigadores no creen que los efectos adversos fueron el resultado de interacciones ejercicio-medicamentos, debido a que muchos respondedores adversos no estaban medicados para la diabetes, la hipertensión o el colesterol alto.

Tampoco se encontró ninguna evidencia de diferencias en la prevalencia de reacciones adversas entre negros y blancos o entre hombres y mujeres. Y los resultados no fueron explicados tampoco por el estado de salud previo de los sujetos, la edad, la cantidad de ejercicio impuestas por el programa, o la falta de mejoría en la aptitud cardiorrespiratoria, por lo que es independiente de la respuesta al entrenamiento físico, según los autores.

También hay muy poca correlación entre estos cambios en los factores de riesgo, como lo demuestra el bajo porcentaje de personas que manifestaron reacciones adversas en dos o más factores de riesgo, por lo que el fenómeno parece ser muy rasgo específico. Tampoco se encontró ningún sujeto que haya tenido respuesta adversa en todos los factores de riesgo.

Rankinen y colaboradores señalan que las observaciones necesitan ser extendidas a otros factores de riesgo cardiometabólico y de diabetes, tales como el colesterol LDL, pequeñas y densas partículas de LDL, los marcadores de inflamación de bajo grado y los rasgos de adiposidad.

El siguiente paso empezar a buscar los mecanismos que podrían estar detrás de estas reacciones adversas y es posible que una solución sencilla para la respuesta adversa pueda ser implementada con el programa de ejercicios, así como la búsqueda de predictores potenciales de reacciones adversas, de modo que los individuos en riesgo puedan ser identificados y se ofrezca orientación adecuada.

Pero mientras tanto, la gente necesita entender que, aun cuando hagan ejercicio con regularidad, eso no garantiza que van a obtener todos los efectos beneficiosos que se han descrito en la literatura.

Referencias:

  • Bouchard C, Blair SN, Church TS, et al. Adverse metabolic response to regular exercise: Is it a rare or common occurrence? PLoS ONE 2012; DOI: 10.1371/journal.pone.0037887.

 

 

 

Dr. Rigoberto J. Marcano Pasquier @rigotordoc
Medicina Interna
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