Alberto Franceschi: La Batalla Desigual

No apelaré al fácil símil del boxeo y  dictaminar quien puede imponerse  entre un “peso completo” y  un “peso gallo”, porque allí solo se mide fuerza bruta  y  reflejos condicionados,  instintivos, mayormente animales.

Tampoco me puedo  ir al otro extremo  y  suponer  una exquisita competencia intelectual  donde  no  hay  manera de medir,  sobretodo,  el  nivel  de carencias de los dos.

Quedaría  el  recurso de la experiencia,  pero hete aquí  que  el  experimentado  lo  ha sido en poner  la torta más  grande en dos siglos,  dilapidando la mayor fortuna de la que ha podido disponer un gobernante latinoamericano. Y  la experiencia  del  contrincante para efectos de asumir un Estado al borde del  estallido es  cercana a cero.

La batalla luce sin embargo  apabullantemente  dispareja,   cuando  vamos a los recursos financieros invertidos  en  “convencer”  el  mercado lectoral.  Allí  se pone pelúa la cosa.

El opositor debe haber  reunido unos  100 millones de dólares,  entre los propios de su familia y la amargada e ilusa clase empresarial,  que debió ya “bajarse  de la mula”,  pero el grueso del aporte se reunió seguramente  entre  los muy  prósperos que apuestan  al  “pote de la estabilidad”  …para que siga la fiesta,  porque  a  muchos de los grandes banqueros,  en 500 años de historia nunca les  fue tan  morrocotudamente bien  como en estos 14 años de chavismo, sobre todo los de la “nueva banca”.

La apuesta consiste en colocar  en riesgo limitado jugosas cantidades  que se harán efectivas  si  y solo si,  llegado el momento  no se trastorna el status quo, la cohabitación,  la línea de reconciliación y diálogo, el  reconocimiento de las instancias  constitucionales, en pocas  palabras: si  Chávez  se  alza con el coroto “quedarse quieto en primera” , porque habría quedado claro que esos grandes financistas  “APUESTAN  ES  AL  PAIS”,  al  decir de su fariseísmo habitual.

En la acera de al lado, nunca se dice del frente,  en el  argot reconciliador, el gobierno  contabiliza como  gasto electoral  sumas que pueden  llegar  este año a  los 10.000 millones de dólares.

El material publicitario y el acarreo de gente,  más  el funcionamiento  del  “sistema nacional de medios públicos”  consume el  5 %  de esa cifra.

Pero la gran bicoca  de dólares restantes,  es  para invertirlos en el voto compulsivo de los adscritos a las MISIONES.

Según  puede comprobar ESDATA,  la coincidencia  es  del  100 %  al  “cruzar”  la  data de cualquier misión o listado de contratistas, surtidores, beneficiarios de créditos blandos o  perdonables  etc,  con la data de funcionarios de todas las mesas del CNE.

Allí  salta a la vista  la correspondencia  estricta  entre  clientela  PSUV  y  los directivos electorales    de base  como beneficiarios  del  régimen  y  verdaderos  eslabones  de control de  la masa de votantes condicionados por las misiones.

Aquella  necedad  de  salir  a  defender  las  misiones de Chávez  y  hasta de proponer  una  ley  que las mantenga,  es  tomada por  el  bocón  en  burla para su  desalmada polémica con Capriles.  Esto  retrata patéticamente como  se encallejonó  esta  guarandinga  electoral.

Pareciera  que es indiferente  el  modelo de país que  resulte del  desbarranque  fatal  de este disparate  llamado socialismo del siglo XXl,  o  si se escoge la propuesta de mantener un país de pedigüeños improductivos, que se nos presenta  como alternativa  opositora blanda,  para no asustar a los electores  y  ganar a los light,  como se supone ingenuamente.

Si  todo dependerá  de los precios petroleros,  para mantener  el  estado  de  asistencialismo rentista,  entonces déjenme decirles que estamos fritos de una vez y casi sería preferible que  siga la manguangua,  hasta  que  la resaca de esta  rasca despilfarradora,  nos haga ver  claro en medio del mayor desamparo y  poder  imaginar  un cambio real,   para  resolver convertirnos en  un país  sin  esta francachela  de demagogos a  la cabeza de su Estado.

Muchos creen que el  7 de octubre decidimos nuestro  destino.  NO ES  ASI.  Ese día es apenas un episodio más,  de  este camino hacia la ruina drástica del Estado populista  y  si  perdiera Chávez,  lo que por supuesto anhelamos,  él  se encargará de sabotear  todo.

Aquí  habrán soluciones de fondo luego de una inevitable confrontación entre  la gran coalición de parásitos  del  estado chavista  y  las fuerzas  del  trabajo y de la empresa privada,  que emergerán sobre el  colapso  de esta  gran  estafa que constituye el “proceso” chavista.

Frente a la retahíla  de ofertas  del  candidato oficial,  el triunfo  opositor  seria un factor de aceleración  del  inevitable choque de trenes  y  ello  es  tan seguro  como la visita de” la Pelona”  al  otro.

Aun a sabiendas  que este país decidió perder  su destino cuando  votó  en 1998 por  la estafa revolucionaria de Chávez,  votaremos ahora por Capriles fantaseando sobre  que quizá su triunfo puede abrir el camino que nos aleje  de nuestra  roja maldición como nación.

¿Cuántos desastres debemos  todavía  presenciar?  La debacle de las ilusiones electorales está  ya  en  el  curso lógico de los acontecimientos. Yo no escribo para andar dando ánimos, apenas trato que comprendamos  donde estamos parados.