Alberto Franceschi: Incendio en el Bazar de las Ilusiones

Los desastres que vienen  no se plasmarán  el  7 de Octubre  perdiendo  o  ganando Chávez  o Capriles  las elecciones. Y  menos aún se  puede creer que el  país pueda soñar con salir librado  de la espantosa   crisis que  se avizora.

Todo lo que  se ha despilfarrado se  devolverá como un loco tornado contra  las frágiles bases de sustentación de la economía rentista  venezolana.

Todo lo que  se ha engullido  esta  casta de parásitos y sus asociados,  representada en  las cifras de deuda demencial  que nos agobiará, pondrán  inevitablemente a  la orden del  día la discusión  inmoral  de  vender  propiedades públicas  a  precio  de  remate o de gallina flaca y  la no menos desastrosa  fórmula  de mantener  el  Estado empresario  ruinoso,  a costa de la inversión en salud,  educación  y  seguridad pública y pactar nuevos sometimientos coloniales de pacotilla como MERCOSUR.

Lamento disentir de la borrachera  triunfalista de  los conglomerados  polarizados.  Algunos deberemos  conservar  la cabeza  fría  para  contener  y  derrotar  este camino desenfrenado hacia las confrontaciones inevitables.

Los  países latinoamericanos,  incluyendo  los izquierdosos,  y  por supuesto  a excepción de Venezuela, traen desde hace años  muy  buenos  resultados  económico-sociales,  mientras  la gigantesca  burbuja que armó Bush y  Wall Street  arrasó con la economía  de USA como superpotencia,   para  dejarla endeudada  con China  y en medio de una gran decadencia.

Ahora el  tsunami  llegó a Europa y allí ya hizo, hace y hará grandes estragos. No les extrañe que además de los cambios de gobiernos,  se produzcan  hasta conmociones políticas,  como la que arrastra  a la monarquía española, sumida en el descrédito por corruptelas y conductas disolutas del  monarca que  pueden  determinar antes de fin año la abdicación de ese Rey Juan Carlos,  en  beneficio de su hijo, el  Príncipe Felipe.  En España los especuladores acabaron  con  la mitad de la riqueza,  que ahora se descubre era  de  bases muy artificiales.

Por estos  lares Chávez  celebra  con su pacotilla ideológica “socialista” lanzando  anatemas  contra el  capitalismo, sin poder explicar cómo es que ahora a los imperios europeos  los miden con la misma vara del FMI,  que antes  se paseaba  por  las ruinosas  economías  de América latina,  hasta que  empezaron  a  producir salvo  aquí,  donde se prefiere  la  burbuja  estatista  del derroche petrolero importador, la  maquinita de hacer billetes y el  más pernicioso de sus inventos: hacernos un país super-endeudado.

Y  lo que viene amigos, no es si Chávez  gana o pierde,  ni  son  las  maravillas  que disfrutaremos  si logra  ganar  Capriles,  contra el  fraude cantado,  que  no  ocurrirá, según  las garantías  sobre  el CNE de Chávez,  que acaba de  dar la MUD.

Por supuesto que la situación estará  marcada por  quien  gane.  Pero  dada  la voluntad  irrevocable del  dictador, de  seguir en  el poder, lo fundamental seguirá  igual  hasta que el  país no decida echarle y corregir a fondo  el modelo que viene  de 1958, gangrenado desde 1999 y del que  forma parte la oposición,  lo crean o no.

Lo que viene amigos  es  el coletazo de la crisis mundial,  hasta  hoy  disimulado tras los altos precios  petroleros  y  su  ingreso, que se  hace rápidamente insuficiente para alimentar  esta maquinaria  de ineficiencias  y despilfarro chavista,  que  optó además por hacernos vulnerables  al extremo  con 180.000 millones dólares  de deuda y  una economía  agroalimentaria  destruida.

Devaluaciones, hiperinflación, desempleo masivo  e imposibilidad de mantener el  llamado gasto social del  Estado,  serán  de  consecuencias tan graves,  que  hasta el malandraje  rojito tendrá que conformarse con robar menos,  porque  la manguagua del  “cuantohaypaeso”  y  sostener además a  dos millones  de vagos del  Partido Comunista Cubano,  les obligará a morigerar sus ruines apetitos,  ante una sociedad  indignada que  redoblará su lucha contra esas iniquidades.

A veces  pienso si no sería preferible que esta  gigantesca  bomba de inviabilidad financiera y social,  que demolería y sacaría de raíz este régimen piltrafa,  le estalle al enfermo terminal,   luego de comprobarse  su estafa  electoral,  que  además  abra una crisis política,  de manera que jamás puedan  volver  a  ejercer  el  poder político.

Nos quedaría  además la ganancia neta,  que el país por fin generaría  una racionalidad económica  basada en el  trabajo, en la propiedad privada,  las libertades,  la austeridad, el  orden   y en  la proscripción del  parasitismo clientelar  y la especulación,  para abrir paso a un nuevo Estado, una  nueva  economía  y una nueva  estructura social  equilibrada.

Demasiados venezolanos han puesto  la  fecha del  7-Octubre  como punto de partida para la concreción de muchas esperanzas.

Como lamento  ser aguafiestas: lo que viene es peor de lo que hay.  Estaremos  frente a un  régimen chavista  putrefacto,  generando  violencia  y chantaje, para sostener un poder  abiertamente espurio,  aún en la hipótesis  acariciada por muchos  sobre que habría un triunfo  electoral  opositor.

Chávez no es demócrata y no cederá  el poder. Asumámoslo. Yo no puedo  engañarme a mí mismo y andar propalando el advenimiento de mesías  y  mundos idílicos. Si creo que luego de traumas muy serios, quizá inevitables,  podemos salir de este atolladero  si el país entiende de forma radicalmente distinta  como debe enfocar  y  resolver  su destino.