La gran sorpresa de este domingo fue que la estadounidense McKayla Maroney falló contra todo pronóstico y perdió el oro que todo el mundo hacía suyo antes de empezar, reseñó el portal que.es, en una nota escrita por Gloria Viseras. Es sin duda la mejor saltadora del momento, pero como ella misma dijo en rueda de prensa: No merezco la medalla de oro si me caigo de culo.
Su regularidad en competición es pasmosa. Ha clavado los 33 últimos saltos y en las últimas 59 competiciones solo ha fallado una vez… La de este domingo. Las gimnastas no son máquinas, y ganó la mejor saltadora de este domingo: la rumana Sandra Izbaza. Fue una final ‘rocosa’, con saltos nulos, carreras interrumpidas y errores de recepción. La canadiense Elisabeth Berger se bajaba del podio cojeando con una puntuación de 0,00 tras caer antes con el cuerpo que con los pies en la colchoneta y renunciar al segundo salto.
La dominicana Yamilet Peña hizo el salto más difícil del momento, una paloma con doble mortal adelante (y medio porque sale del caballo con las manos y llega al suelo con los pies), con nota de dificultad de 7,10. El problema de este salto es que raramente lo termina de pie y la deducción es demasiado alta como para poder optar a medalla. La nacionalizada alemana Oksana Chusovitina, que con 37 años es finalista en salto en sus sextos Juegos Olímpicos, hizo dos buenos saltos, pero con errores de forma y recepción. Se ganó una calurosa ovación del público. Maroney hizo correctamente su estratosférico ‘Amanar’, aunque no fue de los mejores. Sin embargo, cayó sentada su segundo salto al recepcionar con los pies un poco adelantados y escurrirse. Ello daba la oportunidad a la rumana Izbaza, actual campeona de Europa en este aparato, a quien le bastaría no fallar sus saltos para llevarse el oro. La nota media de los dos saltos la llevó directamente a lo alto del podio e hizo sonar de nuevo el himno rumano tras varios años sin escucharlo en alta competición.
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