Por cuatro días Sinamaica y Paraguaipoa sufrieron las consecuencias de un enfrentamiento entre pueblos. El diario La Verdad llegó hasta el lugar de los acontecimientos. La Verdad presenta una radiografía y testimonios del conflicto.
Para llegar a Paraguaipoa y conocer la situación de conflicto que empezó el pasado lunes en la Guajira, el periplo empezó en la Troncal del Caribe. Al pasar la sede del CICPC-Paraguaipoa, camiones de ganado ocuparon los dos sentidos de la carretera. Delante de ellos, un cisterna atravesado impedía el libre tránsito. En el sector Bella Vista y durante cuatro días con sus noches, los “bachaqueros” pusieron un alto al comercio binacional.
Los vecinos aprovecharon la coyuntura y habilitaron pasos enmontados. Con mecates, instalaron alcabalas improvisadas. Cinco “paradas” en un trayecto de 300 metros. En todas, cinco o 10 bolívares “de colaboración” bajaban el cordón y permitían pasar. Los mototaxis, por menos de 80 bolívares no encendían el motor.
En Paraguaipoa reinaba la desolación. El lugar, totalmente militarizado, concentra a los uniformados en la plaza. Desde Los Filúos, el poco movimiento llevó a comerciantes a cerrar las puertas y junto a los consejos comunales prepararon una contraprotesta contra los “bachaqueros”.
De un lado
Sienten indignación colectiva. Las líderes de los tráficantes de combustible cuentan que el viernes 3 de agosto vivieron los estragos de un operativo militar que desmanteló las caletas de gasolina y gasoil en Sinamaica. Todos sintieron y vieron como las llamas que provocaron -afirman- las autoridades militares y acababa el cargamento ilegal.
“Ellos -los militares- ya no respetan a la gente ni a los pueblos wayuu. No debieron entrar a una casa y quemarla. Tenían que decomisar la gasolina, llevársela, pero quemar un cementerio de familia es un abuso. Se pasaron”, relató Mariela González, una “comerciante” que tomó la palabra y habló por todos los “bachaqueros” que bajo una enramada en Bella Vista vigilaban que la tranca se cumpliera.
Eran 100 aproximadamente. Aclararon que permitieron a La Verdad llegar al lugar “para que se conozca nuestra versión”. Dicen que los militares “mienten mucho” y niegan que hayan quemado a una soldado y a un guardia nacional. La dama explica: “Ellos estaban quemando el combustible y se quemaron porque provocaron un incendio. En la prensa dice que el jeep se quemó con los efectivos adentro y eso es mentira. No somos asesinos”.
Trancaron la vía para hacerse sentir. “No vamos a negar que comerciamos con gasolina, pero no tomamos la vía para pasar pipas, no necesitamos hacer eso, nosotros sabemos por dónde hacerlo porque lo hemos hecho. Tomamos la vía porque nos cansó el atropello del Ejército contra el pueblo wayuu desde que el general Ramón Pérez Ravelo tomó el mando en la 13ª Brigada”.
Exigieron respeto y aseguran que no impiden el paso de comida, agua y gas para los pueblos circundantes. “Estamos claros en lo que estamos haciendo, ambulancias, enfermos, la cisterna de agua, la comida, la estamos dejando pasar. Aquí a lo único que le cerramos el paso es al comercio grande”, como mecanismo de presión para desmilitarizar el pueblo y restablecer la vía.
Del otro lado
González y su gente revelaron que las conversaciones con Pérez Ravelo “están encaminadas… en horas nos reunimos” para llegar a un acuerdo. Pero el oficial nunca llegó. De Paraguaipoa arribaron los consejos comunales. Pasaron por debajo de los camiones atravesados y, envalentonados, se encararon con los contrabandistas.
Con el sol a lo alto, el sacerdote Edie Govea Montiel encabezó la marcha. “Este paro perjudica al pueblo. Por la tranca no hay agua, alimentos, gas, todo se ha escaseado y la mercancía que entra por la sabana tiene que pagar peaje hasta en 50 mecates (alcabalas improvisadas). Quienes hacen el paro no viven en el municipio; son de Maracaibo y Uribia (Colombia). De noche van tranquilos a sus casas y a nosotros nos dejan pasando calamidades aquí”.
El religioso señaló que cada vez que a un “bachaquero” le quitan un camión o una carga, “tranca el tránsito, cierran el paso. Esta situación se ha repetido seis o siete veces, no es la primera vez”.
Enardecidos, los habitantes de Paraguaipoa pedían la presencia de los choferes de la gandola y los camiones para moverlos y restituir el paso. Wílmer González, vocero de los consejos comunales, quiso abrir paso al diálogo: “Ellos tienen que saber que este es un pueblo que hay que respetar. No vamos a pelear pueblo con pueblo, venimos a buscar una mesa de diálogo, de entendimiento”.
Pero no fue así. De inmediato comenzaron los enfrentamientos y reproches entre ellos. “Váyanse a Maracaibo”, “dejen de usarnos para su beneficio” y “quemen la gandola”, se gritaban. El paso se restituyó a las 3.00 de la tarde tras un tenso enfrentamiento entre los grupos indígenas. Insultos, gritos, empujones, golpes, palos y piedras precedieron el levantamiento de la protesta, que impidió el tránsito comercial por cuatro días. Desde el sitio advierten que no aceptarán que, entre las medidas de represión contra el contrabando de extracción, se quemen casas de familia. El conflicto y la tensión en la zona persisten.
Candela para las casas
Lea mañana en Exclusiva el relato de las dos familias que sintieron en sus casas las llamas del operativo militar que desató la furia wayuu.
Pérdidas
Hasta los momentos ninguna institución del Estado se ha pronunciado para estimar las pérdidas que este paro ocasionó a las relaciones comerciales entre Venezuela y Colombia.
Silencio municipal
Las máximas autoridades civiles de la subregión Guajira guardaron silencio durante el conflicto. Los alcaldes Hébert Chacón, de Guajira, y Luis Caldera, de Mara, fueron los grandes ausentes.
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