Se disfrazó de enfermera para robar un bebé recién nacido

 

Grisel Ramírez lleva meses atrapada en la misma mentira: le había dicho a su marido que estaba embarazada. La argucia le funcionó durante una temporada, ya que el marido ni vive con ella ni acostumbra a verla, pero evidentemente tenía una fecha de caducidad: al menos nueve meses desde que anunció el falso embarazo. Como es de esperar, el marido empezó a presionar a Grisel, de 48 años, que quería ver a esa misteriosa hija que, por lo visto, había tenido. Y firmar el certificado de nacimiento, qué menos. Entonces fue cuando Grisel descubrió que las mentiras tienen vida propia y que terminan por asfixiar a quienes las crean. Y solo se le ocurrió una solución: robar el bebé de otra persona y hacerlo pasar por el suyo propio.

En un alarde de premeditación, esta camarera se coló el martes en el centro médico Garden Grove de Los Ángeles (California, Estados Unidos) ataviada con un uniforme de enfermera y asegurando que quería ver a un paciente “que lleva ingresado desde el lunes“. Entonces, según ha podido recomponer la policía y ha resumido Sofia Abrina, la directora del centro, se coló en la habitación de una madre y su hija recién nacida y le dijo a la mujer que se diera una ducha. Entonces cogió al bebé, lo metió en una bolsa de tela púrpura e intentó huir del hospital. Le hubiera salido bien de no ser un pequeño detalle: hay muchos hospitales que prefieren proteger a ciertos pacientes (recién nacidos, enfermos de Alzheimer) con un sensor electrónico que activa una alarma en cuanto el paciente cruza un cierto perímetro. En este caso, la niña lo tenía lo tenía colgado del tobillo. Supuestamente, Ramírez ignoraba este detalle hasta que oyó tronar las alarmas del edficio. Lo que siguió fue un despliegue de eficacia, en el que todo el personal del ala de maternidad se paralizó y empezó a hacer recuento de quién estaba y quién faltaba. Al poco, Ramírez fue detenida. El bebé estaba ileso.