Arnaldo Espinoza: “Rosita”

Mucho se ha hablado del tratamiento de los medios de comunicación en el caso de Jimena Araya, la popular “Rosita”. El interés a nivel nacional está absolutamente documentado (Las 10 noticias más vistas de la última semana en Últimas Noticias son todas relativas a la vedette), pero aún así, sabiendo que el público quiere ver, figuras como Leopoldo Castillo critican la “necesidad” del público de saber hasta el último detalle de sus andanzas.

¿Cómo es posible que la novela de Rosita domine los medios?

Ciudadano, con estas líneas le respondo, primero en plan teórico y luego de observador. “Rosita” es noticia porque es relevante, de interés público (una actriz en el programa cómico más visto en señal abierta) y su situación es “rompedora” (y allí cito textualmente a mis apuntes de Periodismo I).

Pero, particularmente, creo que ese no es el motivo por el cual el caso de Jimena Araya ha colado tanto, tan profundo. “Rosita” es la confluencia de los fenómenos que dominan nuestra vida como sociedad. Por un lado, el “Reino de los Pranes”, producto de un sistema carcelario colapsado producto de la impotencia de las fuerzas de seguridad de hacer frente a una delincuencia rampante producto de una brecha social que -diga lo que diga el socialismo- se sigue acrecentando más aceleradamente. Acá además entra el colapso de los valores éticos y morales de Venezuela, un país entre los más corruptos del mundo, donde un preso se fuga de la cárcel por la puerta principal y el dinero fácil y rápido, producto de la no-educación para el trabajo, gracias al deterioro del sistema de educación formal público.

Del otro lado está la obsesión local con la belleza: “Rosita” es -en muchos ojos muy correctamente- una mujer deseada. Deseada por sus ceñidas curvas, sus grandes implantes y su “tongoneo”. Su cuerpo es producto de los estándares creados por el Miss Venezuela y, cuando ambos mundos colisionan, tenemos un escándalo de estas proporciones.

¿Y el resto de los problemas del país, las elecciones, la Resolución 058, etc?

Están allí, Ciudadano, sólo que el caso “Rosita” tiene la particularidad de que puede ser comentado libremente sin que la persona sea juzgada con un color político. En el resto de la agenda, los tintes sí están presentes. La gente habla de las regionales en casa, los padres se reúnen a discutir acciones a tomar contra la Resolución 058. Con “Rosita” no hay miedo, es la típica conversa con el taxista que te lleva o esperando en la cola de algún trámite. Por eso es que se ha regado la voz, porque esa información -a diferencia del resto- ha corrido como debe ser, libre.