Thaelman Urgelles: Una ñapa sobre el comunismo

Cuando uno habla sobre el comunismo siempre quedan asuntos en el tintero. Hay uno que no pude incluir ayer y que posee un especial interés, porque es quizás el ángulo más perverso y engañoso de la teoría marxista-leninista. Le añado la autoría de Lenin pues fue él quien acuñó el “aporte teórico” al que vamos a referirnos. Según tal teoría, el comunismo es una fase superior de la sociedad socialista, un estadio en el que la emancipación humana se completaría en su totalidad, mediante la abolición plena de toda propiedad individual y su reemplazo por un régimen de absoluta propiedad colectiva, no sólo de los medios de producción sino también de los bienes de uso personal o familiar; y en segundo lugar, a través de la supresión total del Estado y su reemplazo por unidades autogestionarias de gobierno colectivo, que se denominarían comunas. La felicidad suprema, pues.

Según quienes esto predican, la llegada del comunismo así considerado requiere de una serie de condiciones endógenas y exógenas en la sociedad: no debe existir el egoismo, ni el delito ni la corrupción, todos los individuos deben ser solidarios y, en particular, no deben existir enemigos externos del socialismo; o sea, prácticamente todo el planeta debe estar regido por un “socialismo avanzado” para que pueda avenir el ambicionado “comunismo”. Prácticamente la sociedad soñada por Thomas Moro o la descrita siglos después por Huxley. Como es fácil de ver, la utopía comunista siempre tendrá un pretexto para no hacerse realidad y sus promotores desde el poder disponen de un plazo infinito para hacer cumplir su oferta de bienestar y felicidad.

La revolución socialista o comunista siempre está “en construcción”, por lo que todo sacrificio o privación presente del pueblo se justifica como una etapa necesaria para hacer realidad esa felicidad futura. Cualquier parecido con el reino celestial que ofrecen las religiones no parece pura coincidencia. Sólo que este es el Reino de Dios en la tierra. Esta engañifa es la que ha permitido a los hermanos Castro someter al pueblo cubano a más de 50 años de infame vasallaje, al principio por creerse el cuento y luego por temor a feroces represalias; a la dinastía Kim entronizar la más larga tiranía que se conozca en el mundo moderno; y a los comunistas chinos derivar desde la utopía igualitaria al más salvaje y represivo capitalismo, con el aplauso de los más connotados capitalistas de occidente y en sociedad con ellos.

Los dueños de la franquicia en Venezuela no han podido llegar tan lejos, porque la sociedad no se los ha permitido. Pero avanzan piano… piano. Ya estamos duchos en las excusas de los durísimos sufrimientos que hemos de soportar para acceder, en un futuro indeterminado, a “la mayor suma de felicidad posible”. Suena conocido, ¿no?

@Turgelles