Orlando Viera-Blanco: Votar o no votar, no es lo relevante

Votar o no. Luchar o renunciar. Echarle piernas o abstenerse. Vivir en libertad o morir en comunas. Conservar “espacios” o perderlos… Lamentablemente en la Venezuela “bolivariana” que tenemos, soliviantar o declinar la voluntad de Chávez, ¡ya no depende de nuestra voluntad! Hoy nuestra tragedia es que el voto perdió su peso político y ciudadano. ¿O acaso exagero? 

L’état de la question amigo lector, dejó de ser electoral. El presidente Chávez no será derrotado en urnas. Él dará o quitará, lo que guste y cuando le venga en ganas. Esa es nuestra dura, patética y difícil realidad… Celebramos votar, sí, y resolver nuestras divergencias así sea levantando la mano en una asamblea de condominio. No somos un pueblo fanatizado por puritanos desencuentros religiosos, culturales o políticos. Nuestros pleitos comienzan con bocazas, pero culminan con una cerveza o un café. No pienso que sea viable “una guerra civil” para salir de Chávez o imponer o deponer un modo de pensar. Un pueblo de linaje urogallo, pícaro y ladino, no se lanza al precipicio por defender El capital de Marx o El utilitarismo ético de John Stuart Mill. Ese es el gran peso del voto: reemplazar el sacrificio extremo por elegir pacífica, democrática y constitucionalmente. Votar es participar de un inconfesable y vergonzoso teatro.

A mis colegas columnistas que llaman a votar, los comprendo. Pero sus argumentos son válidos en condiciones imparciales. No bajo la ecuación Smarmatic+CNE+G2 cubano. Son “demasiadas” las razones que desmienten la legitimidad, legalidad y nobleza del voto: abultamiento del REP, inducción al miedo, control miliciano; cedulaciones, compra de consciencias (desde el árbitro hasta el votante); peculado, chantaje, etc. Quisimos creer, pero se acabó… La realidad se hizo evidencia. Las comunas o comunismo; la violencia, la injusticia, el despilfarro o el despojo, no-serán aplacados por ganar “gobernaciones demócratas”. La democracia no se tasa en “trozos” sino íntegramente, como la honestidad. Es hora de poner los ojos, no-en otra salida (lo electoral puede seguir siendo potable), sino en otro modo de hacer respetar la voluntad popular.

Los políticos rasparon el examen. Permitieron mucho, cedieron y enviaron al cesto el último acto de fe del elector. El CNE no es confiable y la clase política responsable de delatarlo, capituló. Ahora se impone un nuevo movimiento socio-político. Una real alianza nacional auténtica, fresca, renovada, comprometida con una causa superior a custodiar Miranda, Zulia o Baruta. Esa causa es la patria, no un “trozo” de ella… No llamo a la abstención. Votar o no, ya no es lo relevante. Como sentenció Cicerón: “De qué vale arrancarse los pelos en tiempos de calvicie… “. ¡Se cansa uno! 

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