Madres adolescentes indígenas deambulan por calles de Anaco

Pareciera ser normal ver en las vías de cualquier estado de Venezuela, a los indígenas pidiendo dinero, en semáforos, calles y plazas,  este desgarrador panorama ahora lo estamos presenciando con mucha frecuencia en la ciudad de Anaco.

Según cuentan  los habitantes a Mundo Oriental, que hay personas inescrupulosas que se aprovechan de la inocencia y buena fe de estas personas y llevan a estos ciudadanos indígenas a las ciudades a que pidan dinero para lucrarse de ellos explotándolos.

Las niñas entre 11 y 13 años, son llevadas a trabajar en servicio doméstico con la promesa de recibir alojamiento y ser inscritas en escuelas, pero luego aparecen embarazadas o recién dadas a luz, con sus bebés recién nacidos, en hombros y tapados con cartones, para protegerlos del sol pidiendo dinero en los distintos semáforos de la ciudad gasífera.

Se hizo difícil sacarle información alguna. Supuestamente ellos vienen de los estados Bolívar y Delta Amacuro.

Al querer abordarlas para preguntar por qué están en ese estado y quién las obliga a realizar tan baja labor, sólo responden: “No es para el cacique es para comer”, es como si las tuvieran programadas tal cual mensaje de computadora para responder esa pregunta.

Ahora que se acerca la época decembrina, se ven con mucha más frecuencia y en mayor número, hasta los niños en edades comprendidas entre cinco y siete años, también andan pidiendo limosna, al preguntárseles dónde duermen, vuelven a contestar de la misma manera cortante y tajante: “En la calle, donde más”.

Una de las más adultas, nos dijo con voz débil y cansada: “Sólo pan y agua”, y continuó su camino con la cabeza cabizbaja.

“Al anochecer, después de que recogen el dinero, compran bebidas alcohólicas y cualquier tipo de sustancias y las consumen y algunas dejan botados a sus niños a la buena de Dios”, comentaban algunas personas a nuestro alrededor cuando realizábamos nuestro trabajo.

Sería muy fácil pedirle a la ciudadanía en general no darles dinero a esas personas por cuanto “los niños no cometen delito alguno, sino los adultos que los explotan y los utilizan para sus fines económicos”, pero con qué corazón no lo hacemos, somos humanos y especialmente venezolanos.