Maggi Di Lena: No solo de Coppelia vive un hombre

De la fabricación de heladitos artesanales viven y han levantado a sus familias muchos venezolanos. Cuenta mi abuela, pastoreña de 76 años de edad, mitad criolla y mitad china, que en los años 40 y 50, muchas señoras elaboraban heladitos de exquisitos sabores. Los hacían en gaveras, los colocaban en una servilleta  y los vendían a locha. Después llegaron los vasitos y la gran novedad: heladitos de Kool Aid, bebida del imperio “mesmo”,  de fresa, frambuesa, naranja y uva, éste último el preferido porque teñía la lengua y los labios de color púrpura, que hacía que los niños jugaran al carnaval.

Después los heladitos caseros costaban medio, en todas las casas de la cuadra de Encarnación a Quebrada, en La Pastora, las señoras los  elaboraban. Luego,  mi abuela, en el año 1947 se fue a China, y se quedó en Cantón y sin helados, los asiáticos de esa época no disfrutaban del rico sabor de los helados.

Pese a que Helados Efe y Tío Rico acaparan el mercado, las señoras han seguido con la elaboración de heladitos artesanales para tener un ingreso y sacar adelante a sus familias. Creo que no hay venezolano que no haya disfrutado de un heladito made in casa, desde Ciudad Bolívar, pasando por Barquisimeto, Cumaná, San Fernando , Maracaibo y hasta en la mismísima Sabaneta.

Más recientemente, inventaron unos polvitos para confeccionarlos en casa, que meten en bolsitas, a los que llaman “tetas” y venden a la salida de los colegios.

Que esas señoras pudieron levantar a sus familias en  tiempos de la “cuarta” a punta de helado es historia conocida, pero hay un detalle: había azúcar, vasitos, frutas, agua, palitos y ¡había luz!  Sobraba  y sobra espíritu de superación, dignidad, honestidad. Ahora hay casa equipada made in china, pero sin luz, sin azúcar, sin frutas no hay helado posible.

En Venezuela Coppelia no hay, no han podido ni con los helados. Coppelia le dejó el mal sabor de la  ineficiencia revolucionaria . Tampoco hay ninguna necesidad de querer “importar” el modelo socialista de helados, habiendo tanto ingenio en Venezuela. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”