Juan Carlos Fernández: Dos mujeres dos destinos

A dos mujeres venezolanas las une una situación común, ambas están sometidas a la justicia Venezolana, me refiero a La actriz Jimena Araya “Rosita” y a la juez María Lourdes Afiuni; el viejo dictador Juan Vicente Gómez, quien gobernó con mano de hierro y ley personal a Venezuela durante casi treinta años tenía un refrán que decía: “para mis amigos todo, para mis enemigos la ley” y es allí donde el destino de las damas se dirige a derroteros distintos, Rosita la voluptuosa joven acusada de haber participado en la fuga de ventidos detenidos de la cárcel Tocorón y de legitimación de capitales, sale en libertad luego de presentar unos fiadores y a la hora la plana mayor del muy revolucionario partido PODEMOS plenos de felicidad luego de su liberación, proceden a nombrarla coordinadora de “los derechos Humanos”, todo un reconocimiento a esta especie de Rigoberta Menchú venezolana.

El caso de la juez María Lourdes Afiuni es distinto, ella aplicó el COPP a un detenido que tenía más de dos años procesado sin sentencia, como correspondía a un juez respetuoso de la norma, solo que el detenido es parte de una truculenta historia que aparentemente toca a alguien muy cercano al entorno de poder, inmediatamente el “taita” lleno de ira ordena, “se merece treinta años de cárcel” y allí está la doctora Afiuni con “el juicio como pena”, tal cual lo afirma el doctor Alberto Arteaga Sánchez, un juicio sin fin, un juicio como condena. Dos casos distintos, no por los delitos cometidos, sino por el trato que la justicia revolucionaria da al uno y al otro, dos mujeres acusadas por la justicia revolucionaria, la una de trafico de prostitutas, de colaborar en la fuga de un peligroso pran y su sequito, además de legitimación de capitales, la otra de algo que no es delito, era su trabajo y su obligación, pero la ciega justicia revolucionaria aplica sentencia: “para mis amigos todo, para mis enemigos la ley”, no tengo edad para haber vivido la dictadura gomecista, pero como se parecen, dos justicias y un mismo objetivo, reafirmar el autoritarismo.

Allí el poder judicial muestra que en nada se diferenciade lo que en el pasado denunciábamos como las tribus de David, refiriéndonos a quien controlaba la antigua CSJ, el viejo dirigente adeco David Morales Bello hoy años después, la historia vuele a repetirse como cantaba Felipe Pírela o peor aún como canta el mexicano Juan Gabriel: ” te pareces tanto a mí, que no puedes engañarme”, los extremos se unen, la misma miasma.