Jason Mraz: Que la economía cambie no significa que nuestras vidas acaben

El cantautor estadounidense Jason Mraz visita esta semana Barcelona y Madrid para ofrecer dos conciertos en los que quiere transmitir a una sociedad deprimida por la situación económica su mensaje de amor y esperanza ante la transformaciones que operan en el mundo.

“En toda la existencia humana, siempre hay una lucha. Si no es en la economía es en el medioambiente, si no en tu propia familia. La música es nuestra mayor arma contra la infelicidad. Cuando todo lo demás se desmorona, la música sigue ahí”, explicó a Efe en París, antes de viajar a España, el músico inmerso en la gira de su disco “Love Is A Four Letter Word”.

Mraz, un optimista crónico nacido en Virginia, Estados Unidos, hace 35 años, se sirve del sencillo de su cuarto álbum, “I won’t give up” (No voy a abandonar) para apuntalar su alegato contra el desaliento, un mensaje que espera trasladar el 16 de noviembre al público del Pavell Olimpic de Badalona y un día después a sus seguidores en el Palacio de Vistalegre de Madrid.

“Mientras estemos vivos, tenemos que seguir, no podemos abandonar. Que la economía cambie no significa que nuestras vidas se estén acabando. Quiere decir que nuestras vidas se están transformando. La música ayuda en esa transformación, es un regalo constante”, explica con voz suave, vaqueros, camiseta y la palabra “love” (amor) serigrafiada en el pecho.

Mraz llega a Europa tras participar activamente en la campaña para la reelección de Barack Obama, apoyando con su guitarra acústica al vicepresidente Joe Biden en sus mítines en el Estado de Ohio, en unas elecciones que podían decantar la balanza entre demócratas y republicanos.

“Creo que (Obama) fue una magnífica elección hace cuatro años y que lo es incluso mejor ahora, para los próximos cuatro”, ya que al no poder aspirar a un tercer mandato, tendrá más libertad, analiza Mraz, quien destaca el respaldo del primer presidente negro de Estados Unidos al matrimonio homosexual, la sanidad universal o la educación.

No es extraño que los artistas se impliquen políticamente, ni que utilicen su relevancia internacional para intentar influir en la opinión pública. Pero pocos consagran tanta energía a esa tarea como Mraz.

El cantautor, que colabora activamente con diferentes causas sociales, cuenta también con su propia fundación para combatir contra la esclavitud y las enfermedades infantiles y para luchar a favor de los derechos de los homosexuales, la educación, el arte o la defensa del medioambiente.

“Si invirtiéramos a largo plazo, tecnologías verdes, coches eléctricos, alimentos locales… cosas que arreglarían los problemas del transporte y la logística (…), se crearían puestos de trabajo en esas tecnologías. Requiere mucha paciencia y confianza, y mucha inversión, pero creo que ese es nuestro futuro”, asegura amarrado a una infusión que no abandona ni en el escenario.

Más que un discurso, se trata de una filosofía de vida, la suya, que transmite desde cualquier plataforma a la que tenga acceso y que proyecta también desde el escenario, donde rodeado de nueve músicos y amparado por animaciones en pantallas gigantes, durante más de dos horas busca provocar una catarsis entre sus seguidores para que “la melodía y la intención de la canción llegue a los corazones”.

Aficionado al yoga, al surf y al ciclismo, el músico, que en 2008 conoció el éxito internacional con la canción “I’m Yours” (de su álbum “We Sing. We Dance. We Steal Things”) vaticina consecuencias aciagas si el ser humano no es capaz de adaptarse a la “revolución verde” que predica.

“Habrá una especie de revolución medioambiental. Llegará una catástrofe medioambiental, como que un huracán golpee a un reactor nuclear, tan devastadora que nos obligará a dejar de consumir y concentrarnos en reconstruir o a ser más estratégicos al planificar nuestra supervivencia”, augura un músico que se pasea descalzo por el “backstage” de la sala de conciertos.

Javier Albisu

EFE