Thaelman Urgelles: La furia expropiadora no respetó ni al indio Tacupay

José Torres es uno de los venezolanos con mayor recorrido vital. Los latinoamericanos que estuvieron como estudiantes o exiliados en la Italia en los años 60, recuerdan con afecto a aquel indio que les conseguía trabajo de extras en Cinecittá, siempre que tuviesen un tipo moreno o aindiado. Así, por la generosidad de José todos los pelabolas venezolanos, mexicanos, colombianos, peruanos o bolivianos se iban a los sets de rodaje y se vestían de charros o de indios para las producciones de los famosos “western spaguettis”, que por aquellos años hacían furor en el mundo. Mis amigos que corrieron la experiencia cuentan que tuvieron oportunidad de servir de extras para Giuliano Gemma, Franco Nero y algunos mencionan hasta a Clint Eastwood. José era mucho más que un extra, era un actor reconocido que representaba siempre el jefe de los indios o de las bandas de asaltantes de caminos contra quienes luchaban Ringo, Django y los demás vaqueros italianos.

Retornado para siempre a Venezuela, Torres se incorporó a la televisión y al naciente cine nacional, donde su particular tipo físico, sus cualidades actorales y sobre todo su excelencia humana le granjearon el respeto y el afecto de todos. Quizás su personaje más recordado sea el del indio Tacupay, desempeñado en la telenovela Kaína hace más de dos décadas. Al punto que para el gran público venezolano José quedó denominado por siempre Tacupay.

Con los años, y con el cierre de los espacios dramáticos de TV, las apariciones dramáticas de José Torres fueron disminuyendo, y con ellos sus ingresos como actor. Ello fue compensado por este emprendedor venezolano con la instalación de un restaurant criollo en el litoral varguense, al que dio el afortunado nombre de “La Chocita de Tacupay”. Era un local modesto, pero atendido con el mismo profesionalismo y generosidad que José puso en sus roles dramáticos. Y donde además, habitaba él en un piso superior.

Pues bien, el afán destructivo de quienes nos gobiernan, su encono y envidia contra toda iniciativa individual e independiente de las dádivas oficiales, no podía perdonar al querido indio Tacupay. Sin que mediase una negociación justa y retributiva para el propietario y con la manipuladora excusa de que “hay que dar viviendas al pueblo”, la chocita de José Torres fue demolida sin aviso y sin protesto. La expropiación es un acto reconocido en las leyes, pero estas exigen un acto concertado, con retribución justa y alternativas equivalentes para el expropiado.

Nada de eso se respetó y hoy nuestro apreciado José Torres queda en la calle, en espera de que los mandamases de turno se dignen ofrecerle una solución que nunca llegará, porque en espera de ellas se mantienen miles de venezolanos igualmente expoliados. Toda mi solidaridad para José y para mi querida Arletica, su hija y estupenda actriz venezolana.

@TUrgelles