Emilio Nouel V.: Las enseñanzas de Don Pompeyo

Hace un tiempo, -¿uno, dos años?- asistimos a una reunión organizada por el sociólogo venezolano Carlos Raúl Hernández, en la que Pompeyo Márquez era el ponente.

El “viejo” nos iba a hablar de las lecciones que había sacado de su larga y azarosa vida consagrada a la política.

Nadie mejor que él para conversar sobre las vicisitudes de ese oficio, que según -dicen- decía Gonzalo Barrios, no es un trabajo, pero cómo cansa.

La “ponencia” presentada por Pompeyo fue enriquecedora e inspiradora. También los comentarios de la modesta pero selecta audiencia.

En momentos en que terca y absurdamente algunos venezolanos se empeñan aún en reeditar conductas que van a contravía de lo que debe hacerse en política para frenar la deriva totalitaria del gobierno de Chávez, preservar y ganar espacios institucionales, acopiar fuerzas y reafirmar, a pesar de las condiciones adversas, la voluntad democrática mediante el voto, resulta oportuno evocar las enseñanzas vertidas aquel día por Pompeyo.

De mis notas de esa reunión -quizás se me haya escapado alguna idea- extraigo el siguiente decálogo resumido:

Realismo: Las realidades no pueden desconocerse o despreciarse, y no se puede actuar sobre ellas sin tomarlas en cuenta al hacer política.

Antidogmatismo: la inmutabilidad de los dogmas no nos permite comprender el mundo cambiante. Los dogmas no sirven para la acción política.

No al fanatismo ideológico: Los fanatismos son perversos, intolerantes, excluyentes, son antidemocráticos.

Firmeza en los principios y capacidad inagotable de diálogo: Los principios son la guía de acción del político y sin diálogo sincero, abierto y plural es imposible avanzar con pie firme hacia lo que aspiramos como sociedad democrática.

La amistad, la solidaridad y sentido del humor: la amistad y la solidaridad son bienes preciados incluso entre adversarios ideológicos; el político debe tener buen sentido del humor siempre.

Estudio, análisis concreto del momento concreto y rodearse de gente que sepa más que uno: el político debe ser un estudioso de su realidad social,  de las situaciones concretas  que enfrenta, y mantenerse actualizado, leer mucho y estar muy informado.

Nadie tiene el monopolio del patriotismo.

Concentrarse en el adversario: el político debe conocer a su oponente tanto o mejor que a sí mismo. Para vencer, no se debe olvidar quién es el objetivo. El político no debe distraerse en lo subalterno.

Amplitud y Unidad: en la lucha política, se debe estar abierto a todos los que comparten objetivos y estrategias; en la suma mayor de fuerzas diversas convergentes, en la Unidad, siempre está la clave del triunfo.

Capacidad para soñar: el político no puede renunciar a sus sueños de vivir en un mundo mejor.

Estas son las que he llamado las enseñanzas de Pompeyo; y el político o aspirante a tal que tenga ojos y oídos, que vea y oiga; sobre todo, el de las nuevas generaciones que tiene sobre sus hombros la responsabilidad de recuperar la democracia y poner las bases para una Venezuela cónsona con la contemporaneidad.

Mencioné más arriba una supuesta frase de Gonzalo Barrios, que si no es cierta, un hombre ocurrente y de aguda inteligencia como fue la de él, pudo haberla pronunciado. Y ciertamente, la política es una actividad tan ardua y extenuante como necesaria en toda sociedad.

Sin embargo, a los 90, Pompeyo no se rinde, ni se ha empantuflado, todo lo contrario, sigue activo luchando por la democracia y la libertad de su país, amenazado hoy por unos tiranos demenciales. En el momento que estoy ordenando estas líneas, nos enteramos que como demócrata que es a carta cabal y no ajeno a los asuntos importantes que lo rodean, está ejerciendo su derecho al voto en las elecciones del Colegio de Periodistas.  Bravo, querido amigo¡

Sabemos que contamos contigo y que el 16D estarás de primero en la fila de tu centro de votación, consecuente con tus principios y sueños.

 

EMILIO NOUEL V.

 

@ENouelV

[email protected]