Estas son las mentiras que nos quiere hacer creer la industria porno

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Las películas XXX transmiten ciertos estereotipos irreales que pueden hacer peligrar nuestra vida sexual. Existen diferencias entre el porno y las relaciones sexuales en la vida real. De mostrar estas diferencias se encarga una página muy curiosa llamada Make love, not porn (en inglés) de donde se estraen algunos mitos:

El sexo anal le gusta a cualquier mujer: no es cierto. Hay mujeres a las que les encanta y a otras las repugna. No todas lo encuentran agradable. Plantearse una relación sexual con esta premisa puede llevarnos a un problema.

Las palabras “sucias” resultan tremendamente eróticas para una mujer: que no es del todo falso, ciertas palabras durante una relación pueden tener un efecto erótico pero no todas las mujeres disfrutan de ellas. Este tipo de cosas se aprenden de cada pareja al cabo de un tiempo, no se deben tomar como una verdad a priori.

Para excitar a una mujer es suficiente con tocarla la vagina: tremendo error. Las mujeres prefieren una excitación que vaya de menos a más y que evite las zonas erógeneas hasta que se haya llegado a un alto grado de excitación en los preliminares antes de disfrutar realmente de caricias en su zona genital. Lo que no implica tampoco que no les guste de vez en cuando un “aquí te pillo aquí te mato” , simplemente lo que dicta el porno como norma no es cierto.

En el sexo lo más importante es la penetración: que es lo que se refleja constantemente en las películas. Una penetración extensa y continua sin tener en cuenta otros juegos previos o el sexo oral o las caricias por todo el cuerpo.

Las mujeres no tienen vello púbico. En realidad, algunas se depilan o afeitan, otras no y muchos hombres prefieren que conserven por lo menos parte de su vello púbico. Si las mujeres se lo quitan, requieren de un alto mantenimiento. Enteramente una decisión personal.

Una relación sexual dura entre quince minutos y una hora: lo que provoca no pocas decepciones entre los jóvenes. La realidad es que la duración normal está entre cinco minutos y doce. Y la realidad aún más cruda es que no tiene ninguna importancia. Disfrutar del sexo no es mirar el reloj si no simplemente dejarse llevar, no importa el tiempo.