Joyeros que velan por el mantenimiento de un tesoro: la corona de La Chinita

Hace 70 años, Alberto Bischoff fue el joyero alemán que tuvo el honor de unir las alhajas de oro que el pueblo zuliano ofrendó para realizar la corona que hoy exalta la tablita donde hace más de 300 años se iluminó la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, escoltada por San Antonio de Padua y San Andrés.

Muchos recuerdos quedan plasmados en viejos libros y en las memorias de quienes tuvieron a bien presenciar aquel momento, por el año 1.942, cuando cerca del estadio de El Lago ubicado en los terrenos adyacentes al puerto de Maracaibo, se realizó la ceremonia de coronación canónica a la que asistió en representación por el Papa Pio XII, José Misuraca, nuncio apostólicovigen y encargado de bendecir la corona.

Pero fue mucho tiempo antes, cuando varios sacerdotes toman la iniciativa de escribir a la Santa Sede para que proceda a proclamar a María de Chiquinquirá como la Santa Patrona del pueblo zuliano, explica José Gregorio González coordinador de estudios patrimoniales del acervo histórico del Zulia.

En principio las figuras más resaltantes de este hecho fueron Monseñor Arturo Celestino López, Monseñor Marcos Sergio Godoy, quien coronó a la excelsa Patrona, el padre David Hernández, párroco de la Basílica para el momento de la coronación y monseñor Olegario Villalobos, fundador de La Voz de la Fe y del Hogar Clínica San Rafael, por ser los precursores del suceso que unió a la feligresía zuliana.

Sin embargo, con el tiempo sería la misma feligresía zuliana, ávida de conocer quiénes eran los encargados de preservar las joyas de la “Reina Morena”, quienes otorgarían relevancia a otros nombres entre los que destacan el de Don Enairo Villasmil, quien por cuatro décadas se encargó de cuidar y lustrar las prendas de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

Y más recientemente serían Lino Perozo, en compañía de Leonardo Lo Lacono, especialista en reparación y restaurador de objetos litúrgicos, Ángel Fuentes, Servidor de María y Romer Villasmil, nieto de Don Enairo, quienes tras la partida en el 2011, del “joyero consentido de la virgen” asumirían el compromiso del mantenimiento de la reliquia de la excelsa patrona.

“Nunca pensé que nos tocaría a nosotros, encargarnos de limpiar las joyas de la Virgen, comentó Leonardo Lo Lacono, quien afirma llevar con mucha responsabilidad la función que como el mismo dice la Virgen le encomendó. “No lo esperábamos cuando recibimos la llamada del padre Eleuterio Cuevas, pues el señor Enairo se encargaba de todo yo sólo le preparaba algunas de las cosas que necesitaba para hacer el trabajo. Yo colaboraba con él en lo que podía”.

“Todos los años antes de limpiar las reliquias de la Virgen nos encomendamos a ella para hacer el trabajo lo mejor posible”, como lo hacía su antecesor, expresó Lo Lacono. “Para nosotros es un honor cumplir esta función y como cada año aseamos las joyas un día antes de la bajada, el 18 de noviembre y antes de subirla, cumplir esta labor es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida”.