Los motorizados: Una polémica sobre ruedas

Zigzaguean sus máquinas con altanería. Quieren parecer superhéroes que luchan contra “tremenduras” de las leyes de la física. Ellos son los motorizados.

Cuando se les ve transitar por las calles cuesta creer que algunos de ellos tengan límites. Sólo hay que observarlos hacer sus peripecias sobre dos ruedas, como si de un circuito se tratara.

Tienen fama de abusadores y agresivos. Aunque hay excepciones, la regla para quienes van en moto pareciera ser el incumplimiento de las normas de tránsito terrestre, en lo atinente al uso correcto de los canales de circulación, los implementos de protección y hasta el hecho de llevar menores de edad como acompañantes.

La relación de “amor y odio” entre los motociclistas y los conductores de vehículos públicos y privados complica aún más el panorama que se observa en las vías donde destacan “los abusos y el irrespeto” de los que andan sobre dos ruedas.

“Los choferes no son santas palomas, pero los que van en motos se llevan el premio mayor. Se le meten a los carros”, reflexiona el taxista José Miguel Narváez mientras recordaba el titular: “Motorizados mataron a golpes a un mecánico en San Diego” (El Tiempo, 13-5-12).

Carlos Augusto Cedeño (37 años) perdió la vida en manos de sujetos enfurecidos, quienes lo golpearon por haber chocado su vehículo contra una moto. El hombre se montó en una mata tratando de escapar.

El ama de casa Manuela de Andrade muestra la puerta del lado del copiloto de su carro. “Todavía tengo la raya que me hizo un motorizado porque no lo dejé pasar, pero ¿por qué? Yo venía por mi canal derecho y desde el hombrillo trató de pasarme. Se molestó y me talló la pintura de la carrocería”. Hoy ella reconoce que los nervios la traicionaron y refiere que cuando vió que la moto se alejó se puso a llorar. “Sentía impotencia. Venía con mi hijo en el carro. Lo cumbre es que había una cola y ese hombre venía zigzagueando”.

Los cuentos abundan. A Manuela y Luis Landaeta casi los atropella una moto. “Ese día casi se me vuelan los tapones y agarro a golpes a ese hombre. Mi hermana y yo nos bajábamos del bus, en plena parada, cuando un chamo en una motocicleta pasó de la acera a la vía. No sé dónde aprendieron a manejar. Ahora agarran los espacios de los peatones para ellos conducir. Es un abuso y puedes ver a funcionarios policiales haciendo lo mismo”.

Lo que realmente preocupa al jubilado Enrique Rosal es el nivel de intolerancia. “Nadie da paso a nadie, ya ese es un problema. Y ahora, esos motorizados complican aún más el asunto. Al darles permisos a esos mototaxis y no aplicar sanciones, el gobierno está reconociendo que el sistema de transporte público no sirve”.

Aunque más fueron las quejas, algunos ciudadanos “lanzaron flores” a los motorizados, especialmente a los que transportan pasajeros.

“Los mototaxis son una alternativa. En varias oportunidades me han llevado a la universidad en horas pico. Si no hubiese sido por ellos, me quedo sin presentar exámenes. En esta zona ya no se puede andar en carro”, opina Claudio Bracamonte, estudiante de Ingeniería en la Universidad de Oriente.

Laura Ramos y Viviana Quilarte también son usuarias de este servicio de transporte express, “nos han salvado la vida en más de una ocasión”. Pero, ambas dicen que cada vez que se suben a una motocicleta le indican al conductor que “cero abusos” y que “no estamos tan apuradas como para matarnos en la vía”.

Ellas coinciden en que la clave está en cumplir las leyes. “Por ejemplo, los microbuseros no hacen caso a las paradas. Se detienen en todos lados. Hay que aplicar multas, de allí todos irán derechitos”, apunta Ramos.

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