Ramón Piñango: ¿Y la iniciativa opositora?

La Venezuela opositora al régimen espera de sus líderes que hagan algo significativo en relación con las condiciones para votar, y que trasmitan un mensaje convincente sobre por qué estaría mejor el pueblo si la mayor parte de las gobernaciones las gana la oposición.

Más de un mes después de las elecciones presidenciales, que ganó cerca de la mitad del país que vota y que quería ganar, o que perdió cerca de la mitad del país que vota y que también quería ganar, nos encontramos en una circunstancia peculiar: quienes ganaron no se sienten felices y protestan como nunca por la situación en que se encuentran ni están seguros de que lo mejor les espera, y quienes perdieron se sienten pesimistas esperando lo peor. A todas estas, el liderazgo de uno u otro lado coinciden en su actitud bíblica: tengan fe, tengan fe porque lo bueno llegará, aunque así no parezca, si ustedes siguen haciendo lo que han hecho, si siguen creyendo en quienes los han guiado.

Pero además de esa coincidencia en el llamado a la fe, hay otra similitud entre el liderazgo oficialista y el opositor. El oficialista maniobra como nunca tratando de asegurarse de que el poder nacional no se les escape. El opositor lucha para no perder la pequeña cuota de poder regional que tiene. Pero en esa lucha por el poder hay una diferencia significativa: el oficialismo, con audacia cercana a la temeridad, recurre al planteamiento de una reorganización de la estructura política administrativa del país insistiendo en la sociedad comunal, lo que implica redefinir a fondo el pacto base de la nación representado en la Constitución.

Unos cuantos se burlarán de esas acciones del régimen. No es de extrañar que algunos analistas hablen de “maniobras distractoras”. Digan lo que digan analistas, políticos o eminencias grises, el hecho constatable es que el oficialismo está mostrando iniciativa, capacidad para imponer una agenda de la discusión pública que está acorralando a la oposición. Esto es grave y debe ser reconocido así por el liderazgo opositor.

El liderazgo opositor debe tomar plena conciencia de que muchos de quienes no participamos directamente en la lucha política, pero que ejercemos nuestro derecho de opinar y votar, percibimos en ese liderazgo una prudencia que, por extrema, es imprudente. Da la impresión de que la dirigencia opositora está sumergida en un profundo sopor, tal vez generado por el mar de comentarios de todo tipo a raíz de los resultados electorales.

No se trata de criticar a la dirigencia opositora por criticarla, sino de expresar una apreciación que parece ser compartida por muchos. De esa dirigencia uno espera acción, movimiento, fuerza, propuesta, crítica contundente a la gestión gubernamental, en una palabra, iniciativa. Iniciativa que mueva al país que se opone al régimen, que haga pensar a quienes lo apoyan y que exija reacciones al oficialismo. Tener iniciativa es todo lo contrario a tener una actitud defensiva. En esta actitud ha estado hundido el liderazgo opositor cuando el único mensaje que de él tenemos en nuestro cerebro es el llamado a votar en las próximas elecciones. Ciertamente ese llamado es muy importante, pero también es muy insuficiente. Insuficiente porque la gente espera mucho más. Tan es así que cayó como agua fresca el llamado de Antonio Ledezma al modesto acto de desobediencia civil de no pasar por las máquinas de control al ir a votar.

La Venezuela opositora al régimen espera de sus líderes que hagan algo significativo en relación con las condiciones para votar, y que trasmitan un mensaje convincente sobre por qué estaría mejor el pueblo si la mayor parte de las gobernaciones las gana la oposición; pero algo significativo, mucho más allá de ganarle al gobierno chavista. Cosa particularmente importante sería que el liderazgo opositor esté con la gente en sus luchas para mejorar su vida. Lo que esperamos es una oposición con garra y no simplemente reactiva, capaz de colocar al Gobierno a la defensiva.

 

Tomado de analitica.com