Thaelman Urgelles: ¿No se cansa el CNE de avergonzarnos ante el mundo?

Son innumerables los daños que el actual CNE ha causado a la democracia venezolana; y lo que les falta por causar. Pero no me voy a referir a los que todos conocen y a diario son denunciados por voceros calificados, tanto en Venezuela como fuera de ella. Hoy deseo expresar mi indignación frente al maltrato del idioma y el buen gusto que emana del llamado “Poder Electoral” y se difunde con todas las herramientas, canales y recursos con los que cuenta ese Poder.

El desahogo es motivado por la lectura del aviso publicado por el CNE en la prensa de este domingo, cuyo título reza así: “ELECTORAS Y ELECTORES SELECCIONADAS Y SELECCIONADOS PARA PRESTAR SERVICIO ELECTORAL 2012”. ¡Por Dios, qué vergüenza!, ruego que mis amigos españoles, colombianos, argentinos, mexicanos y de otros territorios hispanohablantes no lleven a leer ese ridículo aviso.

Resulta que la presidenta del CNE Tibisay Lucena, y probablemente bajo sus instrucciones los divulgadores de ese organismo, han decidido cumplir más allá del pie de la letra el ridículo estilo constitucional de nombrar los dos géneros gramaticales cada vez que usan un sustantivo. Hasta la Real Academia Española ha criticado ese desviado uso de nuestro idioma, pero ello parece acicatearlos en el erróneo comportamiento. Al verlo ser usado por otros participantes de la revolución, no puede uno sino pensar que el infeliz estilacho ha devenido otro de los innumerables matices lingüísticos que terminan por circunscribir a la sub-cultura bolivariana: “privados de libertad”, “resistencia indígena”, “la patria grande”, “poder popular”, “quinta república” y otras naderías.

Al perpetrar el uso obsesivo, abusivo y arrogante de tan cursi forma expresiva, la rectora Lucena y sus adláteres ejercen un abuso conciente de poder contra los venezolanos de buen gusto y amantes de su lengua (con lo cual incluyo a nuestras hermosas y muy cultas mujeres). Ella nos está diciendo: “impropio, ridículo y todo lo que sea ese estilo, tengo el poder para usarlo y ustedes se lo calan”. Como aquel ignorante hacendado que escribía hato con “a” (“pongo en venta un ato…”) y cuando un pobretón secretario lo trató de corregir, le respondió: “yo tengo tres hatos con a, ¿cuántos tiene usted con hache?”

Creo interpretar a una porción mayoritaria de la Venezuela cultural al protestar enérgicamente contra esta abominación idiomática y estética que nos coloca como motivo de irrisión en el mundo entero. Luego de expresarlo como quería, puedo dormir tranquilo otra noche.

@TUrgelles