Roberto Giusti: Del poder comunal y otras pomadas

A finales del año 2006, después de su abrumador triunfo electoral, del 3 de diciembre, Hugo Chávez, supuso que el mandado estaba hecho. Había conseguido más de 7 millones, casi un 63% de los votos y la diferencia, ante Manuel Rosales, el candidato de oposición, pasaba por encima de los tres millones, es decir, 26 puntos porcentuales. Concluyente y sin atenuantes, el veredicto popular no dejaba lugar a dudas: Chávez confirmaba un mandato de la forma más contundente que se pueda imaginar y, no sin razón (según su punto de vista) se sintió el dueño del país.

Casi exactamente un año después, el 2 de diciembre del 2007, su propuesta de reforma constitucional era derrotada y contrito, con los nudillos morados y un dejo de amargura inocultable, reconocía su derrota. Pero al día siguiente, aún con el ego magullado, dejaba sentada su frustración al advertir que la de la oposición era “una victoria de mie…”. Chávez apenas obtuvo para su “propuesta” de “nueva geometría del poder”, es decir, el poder comunal, poco más de 4 millones y medio de votos, casi 3 millones menos que un año antes y los 62 puntos porcentuales se redujeron al 50%.

Embriagado por su arrebatadora y pensaba él, irreversible condición de “siempre invicto, jamás vencido”, que lo aduladores de su tiempo le endosaron a su admirado Cipriano Castro, el Presidente se dejó llevar por la soberbia y no terminaba de despedirse el 2006 cuando anunciaba la estatización de la Cantv. Luego vino la amenaza, consumada en mayo del 2007, del cierre de RCTV y en el ínterin, la nacionalización de la Electricidad de Caracas, para anunciar, a trompetazo limpio, que le propondría al país una “nueva organización territorial del país”, con el detallito adicional de la elección presidencial indefinida.

La historia pareciera repetirse, pero no exactamente igual. En primer lugar, la diferencia en las presidenciales es bastante menor a la del 2006. Y segundo, más importante todavía, aun cuando ya se anuncia un “proceso constituyente”, no se “propone”, un referéndum para reformar la Constitución y ponerla a tono con la idea del “estado comunal”. Chávez ha escogido, vista la experiencia del 2007, el camino del “pisapasito” y le está implantando la reforma al país, vaselina incluida. Con un añadido decisivo: el cronograma electoral permitiría, sobre la base de si “gané el 7-0, arraso el 16-D”, acabar con las gobernaciones de estado, paso previo para la erección del “estado comunal”.

En otras palabras, el 16-D del 2012, equivale al 2-D del 2007, sólo que ahora la distancia entre ambas fechas se redujo notablemente, aun cuando lo que está en juego es lo mismo. Conclusión: si votamos masivamente el 16-D, como lo hicimos el 2-D, habremos frenado, una vez más, la ofensiva totalitaria. 

@rgiustia

 

Publicado en el diari0 El Universal (Caracas)