Vladimiro Mujica: La equívoca fascinación por el abismo

De paso por Caracas, invitado a una serie de conversatorios en el marco de la Convención Anual de Asovac sobre el tema de política científica y tecnológica, me encuentro nuevamente con una clase de izquierdistas que pensé que estaban en mengua pero que obviamente ha tenido un nuevo florecimiento.

El asunto no es enteramente anecdótico, porque los izquierdistas en cuestión son a su vez respetados académicos y eso les confiere un rol como formadores de opinión. Por otro lado, los tres ejemplos que me vienen a la mente tienen una especie de fascinación intelectual traviesa por modelos alternativos al que juzgan como paradigma del pensamiento único: el neoliberalismo. Dos de nuestros visitantes provienen de España, un país que pasa por una profunda crisis económica, social y política que ambos académicos atribuyen en buena medida a fallas del modelo neoliberal de desregulación total que le entrega la mercado todas las decisiones en detrimento de la participación del Estado y del ciudadano en general. El tercer ejemplo es un académico brasileño que sin dejar de reconocer avances importantes en la política de combate a la exclusión social que se han producido con los gobiernos de Lula y de Dilma Rouseff expresa también sus preocupaciones sobre la dominación del pensamiento único neoliberal y la necesidad de encontrar nuevos paradigmas.

ÍBAMOS BIEN Hasta aquí todo bien, una reflexión interesante y una discusión de mucha altura que buena falta hace en el polarizado ambiente venezolano. Las cosas comienzan a tornarse confusas y prácticamente incomprensibles para quien escribe cuando empiezan a aflorar las similitudes entre los discursos de los españoles y el brasileño que apuntan, primero con timidez y luego más o menos abiertamente, a una percepción de que lo que está pasando en Venezuela puede ser una paso en la dirección correcta de reflexionar sobre modelos alternativos que suponen un incremento en la intervención del Estado para regular y moderar las decisiones del mercado. Las cosas van hasta el extremo de señalar algunas similitudes entre el proceso de construcción de consensos en la España postfranquista y la Venezuela actual.

Increpados sobre el grado de conocimiento que tienen sobre lo que está ocurriendo en Venezuela, me encuentro con la inesperada declaración de que ninguno de nuestros visitantes se considera un estudioso del caso venezolano. La conclusión que se me hace inescapable es que estamos en presencia de gente que se tiene genuinamente atraída por las potencialidades que el experimento chavista.

Las razones que se me ocurren para explicar el porqué de la atracción que una aventura que prácticamente ha desmontado el aparato de producción de conocimiento en el país, que ha destruido el sector industrial y que ha llevado al intervencionismo estatal a los niveles delirantes de nacionalizar empresas productivas en Guayana para convertirlas en bagazos de lo que fueron otrora, no son halagadoras. Algunas de ellas tienen que ver con una cierta pretensión de un sector de la izquierda sobre una presunta superioridad ética y moral de los revolucionarios. Todo ello con independencia de las evidencias de corrupción y compra de voluntades que abundan sobre el ejercicio de desgobierno del chavismo.

BUSCANDO EL NORTE Otras explicaciones, un poco más orientadas hacia el ámbito europeo, están relacionadas con el hecho de que la izquierda del viejo continente se quedó sin proyecto político que ofrecerle a sus ciudadanos y mira al otro lado del océano hacia algunas aventuras de la acción política de las que están creciendo en el trópico. No sé porqué esto me deja el mal sabor de una especie de versión antropológica de la política que mira con buenos ojos un experimento caribeño que nunca se atreverían a permitir en su propia casa. Chávez está bien para Venezuela y Latinoamérica porque esa es la cura contra la exclusión y la pobreza que se ajusta al estado de desarrollo social y político de estos países.

Poco importan las evidencias de que durante más de 30 años luego de la caída de Pérez Jiménez el país vivió un proceso de inclusión acelerada y de consenso nacional en relación a los temas sociales, económicos y políticos. Que Venezuela creció en su planta industrial y en infraestructura, y que se avanzó mucho en el terreno educativo y sanitario en democracia y no en la suerte de autoritarismo personalista que hoy dirige los destinos del país. Ello por supuesto sin dejar de señalar las profundas carencias de los siguientes 20 años responsables, en buena medida, de habernos traído a Chávez.

A pesar de la frustración, no se puede ser demócrata y respetuoso de las ideas de los otros a medias. Con el todo el profundo desacuerdo que me producen los planteamientos de nuestros visitantes sobre las virtudes de un proyecto y una realidad que declaran desconocer pero que sin embargo defienden, me siento en el deber de participar civilizadamente en un debate que juzgo indispensable. Quedo sin embargo con la desazón y dificultades con las que se encuentran muchos venezolanos en intentar explicar lo que aquí ocurre y como un país que tenía todo para crecer y hacer feliz a su gente no solamente se encuentra empobrecido material y espiritualmente sino en manos de un habilidoso proyecto de poder que ha hecho de la desinformación su herramienta más preciada.