La Venezuela de los venezolanos por @nancyarellano

“La historia exige una aseveración de verdad

surgida del fondo de nuestra íntima experiencia”

Benedetto Croce

 

La venezolanidad implica una conciencia real de pertenencia a un grupo diverso y fluido. Se entiende como una construcción de más de más de cinco siglos donde, con profundos cambios sociales a lo interno y externo de nuestra maravillosa nación, hemos erigido una identidad basada en una sola realidad: somos diversos y esa diversidad nos enriquece como un corpus social sólido.

Mucho preocupa hoy día que algunos sectores de la población caigan en la trampa de la “creación” de una subcultura que los defina falsamente como un grupo identitario distinto o -peor aún- que los lleve a auto definirse como mayoría y que aquello justifique falazmente la imposición de formas sociales que contravienen justamente esa cualidad variopinta que nos define. A lo anterior hay que sumar el hecho de que muchos venezolanos, lamentablemente, continúan despreciando a nuestro país y se regocijan al pasearse por tierras foráneas de estar “lejos del caos” que es nuestra patria.  Si bien debemos ver aguzando la vista a aquellos que pretenden hacerse protagonistas de la dictadura de la mayoría – como dijera el Sr. Tocqueville- también debemos adversar a los apátridas – o parias- que piensan que criticar al país los hace superiores. Los problemas de nuestra nación son “trapitos que se lavan en casa” y estas adversidades son, en su mayoría, la consecuencia de un actuar diario que nos involucra a todos los ciudadanos del país, no sólo a los grupos en el poder, ni únicamente al resto cuando hay elecciones o se ocupan cargos enunciativos dentro de un consejo comunal o institución de carácter público o mediático.

Las responsabilidades que implica el ser venezolanos pasan por la elección popular, la contraloría social y sigue por la actuación en un carrito por puesto o en la cola de un banco. La civilidad es una noción que tenemos que construir desde niños y que tiene su ejercicio diario y silente en cada actuación de nuestra vida. No se requiere a un tercero que nos perciba o la palestra pública para atestiguar nuestra convicción nacionalista. Si usted quiere un país distinto entonces empiece por decirse como el Mariscal Sucre que “está tranquilo con su conciencia” pero no venga de “aplastar” las libertades del otro o pregone indolente las deficiencias de su entorno, si no se ha tomado la molestia de protagonizar el “pequeño gran cambio” de hacer país. Muérdase la lengua antes de cometer el sacrilegio de desdeñar al país que le ha dado cobijo y futuro, que si usted está donde está se lo debe a Venezuela. Y si siente que Venezuela merece más es porque ella le ha dado justamente ese horizonte amplio para que se responsabilice en alcanzarlo.

Hay que asumir desde el fondo de nuestra íntima experiencia la aseveración de nuestra verdad como venezolanos para construir la historia que queremos sea escrita por las futuras generaciones. Esto no puede ser tarea de un grupo, ni de los actores políticos únicamente; si bien el papel de aquéllos es fundamental en el antagonismo histórico de los diferentes sectores de la política, es en la conjunción de actores políticos y sociales que confluyen los intereses que hacen que la unidad surja de la diversidad y que ésta – principal protagonista de nuestra historia patria- sea la base igualitaria de la necesidad de democracia que, desde principios del siglo XX, se hizo latente y ruidosa en las almas de nuestros conciudadanos tanto como en la labor de nuestros líderes sociales que pelearon férreamente contra los regímenes caudillistas, militaristas y autoritarios.

La Venezuela de los venezolanos es la Venezuela que aspiramos y ésta es responsabilidad de todos los que compartimos la nacionalidad; la partida de nacimiento no es un papel que yace en nuestros archivos, ha de ser la conciencia de pertenencia a un suelo rico en recursos y necesidades de una construcción colectiva que sea el reflejo de nuestra abundancia y diversidad étnica, religiosa y cultural para la meta trazada en nuestra Constitución como proyecto social de liberación continua en y para la democracia.

 

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