Especial navidad: 10 consejos para mantener el vientre plano

(foto archivo)

Quizá este no sea el momento más propicio del año para preocuparnos por nuestra figura, ahora que la Navidad (y las comilonas asociadas a esta) empiezan a asomar la cabeza detrás de la esquina y el frío nos ayuda a ocultar bajo capas y capas de ropa esos kilitos de más. Sin embargo, quizá sea ahora cuando debamos empezar a ponernos a punto. Perder la tripa no se trata tan sólo de una cuestión de estética, sino también de bienestar (nos sentiremos mejor con nosotros mismos) y salud (nos veremos más ágiles). Por ello, no conviene centrarse en dietas milagrosas que en la mayor parte de casos lo único que nos deparan es una pérdida de peso en el corto plazo (pero no en el largo) o pegarse palizas en el gimnasio que a lo que suelen conducir es a la desesperación, cuando tras una semana de agujetas constantes y fatiga total vemos que nuestro cuerpo apenas ha cambiado. Es preferible ir poco a poco y recordar algunos pequeños detalles que pueden marcar la diferencia:

El Confidencial

–Levantar pesas. Un estudio realizado por la Universidad de Pensilvania puso de manifiesto que aquellas mujeres que habían levantado pesas durante una hora, dos veces por semana, habían perdido un 15% más de grasa abdominal que aquellas que no lo habían hecho, lo que significaba un 4% de su peso total.

–Relájate. Cuando estamos estresados, los niveles de cortisol, una hormona esteroidea, se disparan. Y con ellos, el volumen de nuestra tripa, ya que provoca que se acumule grasa en la región abdominal. Un estudio de la Universidad de Yale señaló recientemente que podía aparecer una pequeña tripa originada por el estrés, incluso entre las chicas más delgadas.

–Duerme bien. Un consejo que nos ayudará para muchas cosas (bienestar, felicidad, problemas cardiacos), pero que también influye a la hora de mantener un vientre plano. No por el hecho de dormir en sí, sino porque el estrés asociado con unos malos horarios de sueño provoca que nuestro apetito durante el día aumente significativamente. En concreto, como señalaba un estudio del Centro Médico de la Universidad de Chicago, aquellos varones que habían dormido apenas cuatro horas mostraban un 23% más de hambre.

–Ve lento cuando hagas abdominales. En muchas ocasiones, por buena que sea nuestra voluntad al hacer ejercicio, las prisas terminan perjudicando su ejecución. En el caso de los abdominales, es preferible ir un poco más lento, realizar menos flexiones y cerciorarse de que efectivamente es la zona del estómago la que se está ejercitando que intentar hacer miles de movimientos en los que realmente se están fortaleciendo otras partes del cuerpo. Además, una mala realización de este ejercicio físico puede producir dolorosos problemas de espalda.

–Mastica. Fácil y sencillo, en muchas ocasiones nuestro peor enemigo es la forma que tenemos de ingerir los alimentos. Por dos razones: porque una comida bien masticada ayuda a hacer bien la digestión, ya que acumularemos menos aire en nuestro estómago. Y porque nos conduce a comer menos. Un estudio de la Universidad de California puso de manifiesto que las personas que habían dado entre 20 y 30 vueltas a la comida en la boca terminaron ingiriendo un 70% de calorías menos que las que masticaban a su ritmo normal.

–Ríete. Cada vez que nos reímos, la pared abdominal se contrae y se relaja tal y como ocurriría si estuviésemos haciendo ejercicio, de manera que sin quererlo y sin sospecharlo, estamos ejercitando la zona del estómago. Esa es una de las razones por las que, por ejemplo, a veces nos duele la tripa de reírnos o llegamos a tener agujetas en la zona tras una tarde divertida.

–Ejercita todo tu cuerpo. Muchos entrenadores recuerdan que centrarse únicamente en un músculo es inútil y, en ocasiones, contraproducente, puesto que provoca una descompensación en el cuerpo que puede acarrear graves consecuencias. En el caso del abdomen, realizar ejercicios sobre esta zona sin preocuparse también por las regiones que la rodean suelen provocar que aquella persona que ha adoptado esta costumbre de ejercicio termine caminando encorvada.

–Toma pimiento rojo, zanahoria y tomate. Un estudio publicado el pasado año en el Journal of Nutrition señaló que aquellas personas que suelen consumir betacaroteno y licopeno, dos fitoquímicos que suelen encontrarse en alimentos como el pimiento o la zanahoria, tenían una menor acumulación de grasa abdominal. Otros alimentos recomendados son las legumbres o la leche desnatada ya que, como indicaba una investigación diferente publicada en la revista anteriormente citada, una dieta basada en proteínas y lácteos contribuye a producir más músculo magro y menos grasa.

–Ten paciencia. La única forma de conseguir una tripa plana es siendo regular en tus ejercicios. Los efectos de estos no suelen manifestarse de inmediato, por lo que tener presente que se va a necesitar hacer algunos sacrificios y que el camino va a requerir de una gran constancia es de vital importancia si queremos cumplir con nuestro objetivo y no rendirnos a mitad del viaje.

–Mantente recto. Este consejo tiene un poco de trampa. Debido a que nuestra apariencia depende en un alto grado de la percepción de los demás, puede ocurrir que aunque no tengamos tripa, a los ojos de nuestros congéneres sí la tengamos por nuestra propia postura corporal. O todo lo contario: que aunque sí la tengamos, sepamos comportarnos, movernos y situarnos de forma que no lo parezca. Así que intentar mantenerse erguido no sólo nos hará parecer más delgados, sino que además, nuestra espalda lo agradecerá.