Carlos Blanco: Presos

Puede ser infructuoso el esfuerzo por entender cómo viejos luchadores por los derechos humanos hoy los conculcan con tanta saña. Fue una tradición venezolana que los presos políticos, pasado un tiempo, con el aquietamiento de las aguas, fuesen liberados. La izquierda, incluida la que hoy se mece en el Gobierno, enarboló siempre el tema como parte de su patrimonio. Claro, se puede decir que los presos políticos son los de uno, mientras para el Gobierno son delincuentes comunes barnizados de ideología; pero no siempre fue así. Hubo épocas generosas, aun en medio de la lucha armada de los años 60; ningún gobierno democrático exigió que los presos cambiaran sus puntos de vista. Hubo sin duda violaciones de los derechos humanos, pero pronto la democracia, en esfuerzo conjunto del gobierno y de la oposición -incluida la que fue insurreccional-, encontraron caminos para procesar las diferencias. Algunos hechos terribles se sucedieron posteriormente, como el asesinato de Jorge Rodríguez, y sus autores juzgados y condenados. Hubo gente que abandonó definitivamente la lucha armada y se incorporó a la lucha democrática, pero también hubo quienes siguieron en la profecía de su fe sobre un cambio violento, revolucionario, y vivieron cómodos sin ser perseguidos; incluso, aquellos que fueron inspiradores e ideólogos del golpe de Chávez en 1992, algunos retenidos brevemente por el Gobierno fueron liberados pronto, bajo el clamor agudo de “Los notables”, casta notable de aquellos tiempos.

No había la misma visión política, pero sí un terreno común en el cual procesar las diferencias. El propio Chávez, culpable de decenas de muertes con su golpe, convertido en héroe por las élites, también fue objeto de la gracia presidencial. No estoy dentro de quienes responsabilizan a Caldera por esa liberación, era un clamor de las gentes más principales de esta Capitanía General. Nadie le exigió a Chávez que pensara diferente. Tampoco a sus compañeros de golpe, a quienes Caldera había incorporado al Gobierno. Hasta varios jefes militares de unas FAN que habían derrotado el golpe, se encontraron extrañamente compelidos a hacerles carantoñas a los golpistas derrotados.

Chávez acaba de obtener un victoria que no por sospechosa, deja de ser muy corpulenta. Se supone que dado el resultado y su quebrantada salud, podría ser un tiempo propicio a la generosidad. Hasta el momento de escribir estas líneas, no lo ha sido. Debería ocurrir. Sin pedir nada. Sin otorgar nada a los negociadores que no sea la libertad de los presos y el regreso de los exiliados. Es un acto de gracia del Príncipe y no un trueque.

LOS PRESOS DE GIORDANI. Jorge Giordani tiene sus presos, los cuatro directivos de Econoinvest quienes hoy cumplen 930 días secuestrados. Giordani no quiere soltarlos por dos razones: envuelto en su lagrimeo periódico hacia Chávez, es de los hombres que ha hecho del odio su oficio cotidiano; pero además, sería reconocer que toda su tesis sobre la elevación del precio del dólar en un mercado antesmosqueado, luego gris y ahora negro azabache, es falsa.

Si se observa la economía, se ve que se acentúa la crisis cambiaria, sólo hay en reservas dos meses de importaciones y los restos de oro. La nefasta decisión de Giordani de acabar con el mercado de valores y, lo que es peor, estigmatizar la compra de títulos valores por parte de los ciudadanos, ha traído graves consecuencias: el costo del financiamiento de la República ha aumentado enormemente y la poca industria que sobrevive, está a punto de colapso. El rey de las notas estructuradas, Nelson Merentes, junto a Giordani, mantienen aún secuestrados a 10 ciudadanos acusados de unas acciones que Giordani convirtió en delitos. Ahora por serlo, están de manos atadas para flexibilizar el mercado cambiario y tratar de darle una salida a la crisis; presos de su odio y resentimiento, han puesto la economía nacional en coma.

Los dólares que había en el mercado eran del sector privado, no afectaban las reservas internacionales, y al haber un mercado regulado, transparente, y donde el Estado intervenía, se podía controlar mejor la brecha entre el dólar oficial y el alternativo. Ahora lo que hay es un mercado negro, donde actúan aún algunos entes del Gobierno en la más absoluta oscuridad, con gente al margen de la ley, mientras se abren compuertas parasofisticadas prácticas delictivas.

Los presos de Giordani son la evidencia de su fracaso y de su odio.

LA PRESA DE CHÁVEZ. La juez Afiuni es una víctima personal de Chávez. Por razones personales, él quería mantener por siempre preso a Eligio Cedeño, la juez se atrevió a actuar en derecho, salió Cedeño de la cárcel y Chávez clamó venganza contra ella por ¡30 años! Las Luisas lo complacieron, como no podía ser de otra manera. El ensañamiento ha sido tal que una reacción de horror recorre la sociedad al comenzar a conocerse detalles de su prisión. El espanto se sabrá con precisión a través de la juez, cuando podamos disponer del libro de Francisco Olivares “Afiuni, la presa del Comandante”.

A veces es de preguntarse cómo un ser humano puede ser sometido a tanto agravio por Chávez. Pienso y pienso cómo un hombre que ha conocido el éxito, la fama, que vive como un jeque ultramillonario, que no conoce más límites que los que le impone su cuerpo, puede sentir tanto resentimiento hacia una mujer que sólo cumplió con su obligación. ¿No tendría Chávez hoy el coraje para enfrentar su propia miseria y liberar ya, hoy, sin demora a María Afiuni?

LA HIJA DE IVÁN SIMONOVIS. Extractos de la carta de Ivana Simonovis: “Hoy 22 de noviembre de 2012 se cumplen 8 años de una tortura que parece no acabarse nunca. Desde que tengo 7 años llevo viendo a mi papá de una manera un poco diferente a la de los demás niños, lo veo una vez por semana de 11:00 a.m a 5:00 p.m. Nunca se nos ha ocultado ni a mi hermano ni a mi, que mi papá es un héroe, un héroe llamado “preso político… Ahora tengo casi 16 años, eso significa que mas de la mitad de mi vida lo he visto en esas condiciones” (…) “En esta situación mi papá no es el único preso, todos en mi familia lo estamos con él, todos nuestros planes deben estar organizados de manera que no se pierda el día que tenemos para verlo, ya que él depende de nosotros, le llevamos su comida, ropa, medicinas y lo más importante, cariño y apoyo. Este sería ya el noveno Diciembre separados de él… Yo, Ivana Simonovis, quiero que este 2012 haya un mejor Diciembre en Venezuela, y por eso les quiero pedir específicamente a los políticos, tanto del Gobierno como de la oposición, por favor pónganse de acuerdo de una vez, dejen los conflictos a un lado y sobretodo les pido de todo corazón, que esta Navidad, y las que le siguen, sean navidades sin presos políticos”.

¡Libertad! ¡Libertad! 

Twitter @carlosblancog