Gonzalo Himiob Santomé: El silencio y su elocuencia

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Hay silencios que verdaderamente son muy elocuentes, y nos dicen mucho más que miles de palabras derramadas. Me refiero por supuesto a la ausencia mediática, que no simbólica, de Chávez en la escena nacional durante los últimos días. El Chávez pomposo, grandilocuente y omnipresente que hasta hace unos años poblaba cada uno de nuestros espacios, lo quisiéramos o no, hace tiempo que no existe; pero en las últimas semanas, lo cual resulta especialmente llamativo, por no decir francamente sospechoso, esta ausencia ha sido mucho más marcada de lo que se esperaba, sobre todo tomando en cuenta su reciente victoria electoral.

Lo primero que cabe destacar, como positivo, es que eso ha brindado cierto alivio en medio de todas las debacles, la económica, la del cercenamiento continuo de libertades y la de la inseguridad, entre otras, que vivimos. Es verdad, con Chávez, le guste a él o no, opera eso de que “calladito se ve más bonito”. Aun cuando su desaparición de los medios no implique, como es lógico, la desaparición de nuestros problemas diarios ni la de su relativa omnipresencia simbólica, lo cierto es que esos malos guisos se nos hacen mucho más digeribles cuando no vienen aderezados por la continua y delirante negación, que es la regla en el manejo de nuestras penas reales, a cargo del poder en Venezuela.

Cuando no nos topamos a cada segundo con ese Leviatán intruso y vociferante, que no hace más que echarnos en cara que “no es verdad” o que “no importa” lo que todos nosotros vivimos en carne propia, los que sí tenemos que ganarnos el pan trabajando de verdad, no tenemos un palacio presidencial en el cual escondernos, ni nos protegemos con escoltas que nos pagan otros; al menos estamos mucho más tranquilos, porque se nos hace más fácil salir de la esquizofrenia que supone vivir en una realidad, palpable y definitiva, que es continuamente y a la fuerza tergiversada por mecanismos muy poderosos, y peligrosos, de control.

Otro punto importante tiene que ver con lo que esto revela, ya de cara al proceso electoral para el próximo 16D. Noten ustedes estimados lectores, que todos los candidatos impuestos a dedo por el comandante son poco más que globos vacíos, cuyo único mérito y sentido es el de haber sido bendecidos por la “mano que todo lo puede”. La cosa llega a tal punto de despersonalización, que hasta los slogans de las respectivas campañas oficialistas no dejan de ser más que malas copias de los que fueron utilizados en la campaña presidencial. Ahora, ausente como está el “corazón de la patria”, que la verdad sea dicha, poco o nada ha hecho hasta ahora para respaldar con su imagen la de sus abanderados, lo que les ha quedado a estos es disfrazarse de “corazones regionales”, incluso cuando muchos de ellos ni siquiera votaban en las zonas para las que fueron designados, que no elegidos por el pueblo, para mantener o lograr la consolidación de la “revolución”.

He hecho el ejercicio, un tanto tedioso por cierto, de escuchar y analizar las propuestas y varios de los discursos de Jaua, de El Aissami y de otros de los candidatos oficialistas, para ver en verdad qué es lo que “llevan en el buche”, como dicen por ahí, y el resumen que puedo hacer de esto es que se invertiría más tiempo mesurando el aire que sale de sus bocas, que buscándole a sus palabras más contenido o sustancia que el que en realidad tienen. Lo único que sí está claro, y es lo que define el hilo discursivo en todos los casos, es que ellos no son más que los dedos de la mano de Chávez, pero nada más. Hagan la prueba. Cálense por ejemplo algún discurso de alguno de los candidatos oficialistas, y sólo para empezar, cuenten la cantidad de veces que se menciona en ellos la palabra “Chávez”, o cualquiera de sus sucedáneos. Se llevarán, valga el oxímoron, una predecible sorpresa.

Los candidatos oficialistas, y así lo hacen ver continuamente en sus discursos, no son más que los “machos beta” de esa manada en la que el mando del “macho alfa” no es cuestionado, ni puesto en duda, ni por un segundo. “No me elijan a mí”, parecen decirnos, “elíjanme porque soy sólo el instrumento, sumiso y dependiente de otro”, y básicamente hasta allí llega la cosa. Mala cosa, porque aún en el caso de que resultasen victoriosos, no está nuestra población necesitada de segundones, ni de un bando ni del otro, sino de líderes reales, con conexión directa con las necesidades de cada región, que sepan en realidad cómo solucionar los problemas sin estarle preguntando continuamente “a papá” qué hacer o no.

Vamos más allá. Esta ausencia de Chávez (y no me vengan con eso de que es “deliberada”, o de que es parte de una “estrategia de suspenso”, puesto que quien así piensa no ha terminado de entender los ánimos faranduleros y permanentemente protagónicos del personaje), pone de nuevo sobre la palestra el tema de la salud presidencial. La más elemental lógica nos dice, y esto ya podía adelantarse incluso desde los tiempos de su muy poco presencial campaña presidencial, que la cosa no debe andar muy bien si después del relativamente mínimo esfuerzo que tuvo que hacer Chávez, a nivel personal (no hablo acá de los abusos ventajistas a los que nos sometió) ha tenido que “engavetarse” como lo ha hecho, sabiendo además que todo su castillo de naipes lo tiene a él mismo como talón de Aquiles. En otras palabras, estamos a poco menos de un mes de otra elección crucial para su proceso, una que definirá si puede o no avanzar en sus delirios inconstitucionales sobre la instauración del “Estado Comunal”, y al presidente no se le ve en ningún lado, levantándole la mano a nadie, y por el contrario lo que sí se percibe es que “no está, no contesta”.

Noten además ustedes que lo anterior se apuntala en el creciente protagonismo sustitutivo que ha tenido, desde su designación, el Vicepresidente Nicolás Maduro, que prácticamente más allá de lo que suelta de cuando en vez, pero sólo de la boca para afuera y disfrazándose también de “beta”, ha tomado materialmente el control de la nación, al punto de que ya muchas personas han comprendido, que al menos en esta coyuntura y mientras dure la desaparición del presidente, es Maduro “el hombre” al que deben dirigirse sobre ciertos temas.

Le ruego mucha y muy buena salud a Chávez, pues uno de mis sueños es que viva muchos años para que vea lo que puede llegar a ser nuestra nación cuando acabe esta pesadilla, y cuando no cae en manos de gente ciega y obtusa que sólo piensa en ideales trasnochados y en sí misma; pero me apenaría mucho saber que más de la mitad de nuestro pueblo votó por una esperanza que al final estaba verdaderamente incapacitada, por su estado de salud, para asumir las inmensas responsabilidades que supone ser presidente.

@HimiobSantome