Leucemia mieloide crónica: Una enfermedad controlable

(foto archivo)

La leucemia mieloide crónica es una enfermedad caracterizada  por la proliferación descontrolada de glóbulos blancos, que además son liberados a la sangre sin haber culminado su maduración en la médula ósea. La patología permanece asintomática durante su etapa inicial, sin embargo pueden manifestarse complicaciones a medida que progresa como trastornos de coagulación y el crecimiento del bazo.

La doctora Mildred Borrego, especialista en hemato-oncología de la Unidad de Transplante del Hospital de Clínicas Caracas, indicó que este cambio en la composición sanguínea, ocurre como consecuencia de una alteración llamada translocación entre los cromosomas 9 y 22 de las células de la médula ósea; esto genera oncoproteína denominada BCR-ABL, la cual tiene propiedades cancerígenas.

La LMC presenta varias etapas en su evolución; la primera es una fase crónica pero indolente en la que se diagnostica a 90% de los pacientes y que suele durar entre tres y ocho años. “De no controlarse terapéuticamente al paciente durante este estadio, la cantidad de células inmaduras circulantes podría incrementar hasta avanzar hacia la crisis blástica; que se diagnostica al encontrar más del 20% de células inmaduras en la médula ósea y más del 30% en la sangre periférica”, explicó Borrego.

Las dos últimas etapas de la patología tienen una duración variable pero corta y con escasas opciones terapéuticas. Los síntomas típicos son astenia o fatiga, anorexia, pérdida de peso y esplenomegalia, mejor conocida como agrandamiento patológico del bazo, que a su vez se presenta en el 50% de los pacientes con LMC. A pesar de estos indicadores, 40% de las personas afectadas por la enfermedad son asintomáticos y su diagnóstico se basa únicamente en alteraciones de los valores hematológicos.

No es una sentencia de muerte

Con respecto a la incidencia de la enfermedad, la experta en materia onco-hematológica menciona que se ven aproximadamente de 1 a 1,5 casos por cada 100 mil personas.  Aunque no se sabe qué causa esta patología, la especialista indicó que afortunadamente se conoce muy bien el mecanismo que produce la enfermedad y se dispone de medicamentos que permiten controlar adecuadamente su progresión.

Actualmente, los inhibidores de la tirosina cinasa, como nilotinib, tienen mucha calidad de vida que ofrecer a estos pacientes; y es que esta molécula está diseñada para bloquear las alteraciones originadas en la estructura celular, controlando la actividad enzimática de la oncoproteína BCR-ABL que se genera tras la translocación entre los cromosomas 9 y 22. La doctora Borrego menciona que con esta terapia farmacológica, además de observarse una respuesta sostenida durante el seguimiento, la probabilidad de progresión de la enfermedad disminuye considerablemente.

Por otra parte, hay numerosos estudios que demuestran la eficacia de nilotinib; uno de los más relevantes es la investigación internacional ENEST, con participación en diferentes centros médicos del mundo, incluyendo a Venezuela.

Finalmente,  resulta fundamental hacer un diagnóstico apropiado y oportuno que le permita al paciente ser tratado lo antes posible mediante terapias y controles necesarios como consultas, estudios citogenéticos y moleculares. “Y es que los pacientes bajo tratamiento, suelen detener el avance progresivo; incluso su expectativa de vida puede ser similar a la de un individuo sano”, concluyó la galena.