Nitu Pérez Osuna: Cuando el silencio es cómplice

Gulaz es una joven afgana que hoy tiene 20 años. El 27 de noviembre del año pasado, contó a la prensa como el esposo de una prima entró a su casa y la tomó por la fuerza… A los meses nació una hija producto de esa violación.

Quizás por evitar en el futuro que esa misma suerte le tocara a su pequeña, Gulaz se atrevió hablar, hacer público el delito cometido contra ella. Pero en Afganistán la violación se llama adulterio. Las mujeres que son violadas son acusadas de haber tenido sexo con un hombre y son obligadas a casarse con el agresor para ser perdonadas por el estado y la familia.

Ahora, Gulaz, enfrenta una condena de doce años de cárcel por ese delito. El único modo de recuperar la dignidad, el perdón y “la libertad” es casándose con el violador.

Gulaz me vino a la memoria cuando escuché a la directora de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos del Ministerio para los Servicios Penitenciarios, Laila Tajeldine, insinuar que la denuncia de violación de la jueza Afiuni hecha en el libro “la presa del comandante” podría ser falsa ya que “no se puede perder de vista, de quién estamos hablando. A quién representa ella y quienes están alrededor de ella, ese es el mayor indicativo”.

En tiempos de guerra las mujeres se convierten en objetivo para castigar a la comunidad enemiga. Y en Venezuela, amigo lector, el comandante Hugo Chávez, afirma y repite que quien no está con él, está en su contra, por lo tanto es considerado un enemigo.

¿A quien representa Afiuni?, pregunta la directora. A la justicia, el honor, los principios, la dignidad y ahora más que nunca a la valentía.

¿Quienes están alrededor de ella? Quienes no renunciamos a esos valores éticos y morales, los venezolanos de siempre, quienes abogamos entre muchas otras cosas por la seguridad y el respeto de nuestros cuerpos y por el de los otros, que al final, es el cuerpo de esta nación a la que intentan aniquilar lentamente.

Lamento tener que decirle a la funcionaria Tajeldine que su preocupación por “la credibilidad de varias instituciones del país, de todos los poderes, la fiscalía, los jueces del tribunal” irá en aumento. Ya en el mundo entero se sabe de la crueldad e injusticia de este régimen, tanto así, que quienes aún sienten algún vestigio de simpatía hacia su jefe ya no callan, mas bien exhortan al señor Chávez, públicamente, a la rectificación. Muestra de ello son algunos extractos de la carta que el destacado intelectual estadounidense Noam Chomsky, le hiciera llegar a su amigo Chávez y a todo el pueblo de Venezuela. Puede ser que a la funcionaria le sirva para reflexionar

“La manera como fue detenida, las inadecuadas condiciones de su encarcelamiento, el tratamiento degradante que sufrió en el Instituto Nacional de Orientación Femenina, la dramática erosión de su salud y el ensañamiento contra su persona, todo debidamente documentado, me dejó profundamente preocupado por su bienestar físico y psicológico, así como por su seguridad personal.

Ella ha sido víctima de actos de violencia y humillaciones que representan un agravio a su dignidad humana. Estoy convencido de que debe ser liberada, no solo a causa de su maltratada salud física y psicológica, sino también de conformidad con la defensa de la dignidad humana que la Revolución Bolivariana se ha trazado como meta.

Sin embargo, la carencia de atención médica apropiada, combinada con los traumas físicos y psicológicos experimentados en prisión, los cuales incluyen diversas amenazas de muerte y serias agresiones físicas pusieron su vida en peligro y la dejaron debilitada… Estoy convencido de que la jueza Afiuni ha sufrido demasiado y debe ser liberada”.

Finalmente, el presidente Chávez estaba al tanto del abuso del que había sido víctima María de Lourdes Afiuni… y calló. Su silencio le hace cómplice.

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