Exequíades Chirinos: El quiquirigüiqui del “Pancho”

En la medida que transcurre la campaña y se acerca la fecha de las elecciones regionales, algo crece en la candidatura oficialista de Francisco Arias Cárdenas (Zulia) y son dos factores clave: la desconfianza y el malestar.

La procesión está por fuera y por dentro, en virtud de que los niveles de rechazo de electorado zuliano suben en vez de bajar porque siguen viendo a Arias como el gran traidor a quien nada la cuesta cambiar de discurso cada hora porque amenazó con eliminar las Becas JEL para después negarlo y más recientemente se mostró en contra de las multas eléctricas para luego, al siguiente día, apoyarlas junto al presidente de Corpoelec, Argenis Chávez.

A lo interno, existe una situación explosiva entre los dirigentes de las organizaciones políticas agrupadas en torno a la candidatura de Arias por petición expresa del presidente Hugo Chávez, quien fungió de intermediario y logró un relativo consenso.

Crece el malestar en el chavismo en razón de que Arias ahora pretende imponer sus propios candidatos a las elecciones de Alcaldes como son sus amigos Rafael Villasmil, Rafael Colmenares, su cuñado Víctor Padrón, entre otros, pasando por encima de otras importantes figuras oficialistas regionales.

A estas organizaciones les está aplicando la “receta Corpozulia”, la cual consistió en lisonjear y ganarse los afectos del General Carlos Eduardo Martínez Mendoza para después arremeter contra él y liquidarlo políticamente.

Contra Martínez Mendoza, hombre de confianza de Chávez, le crearon un portafolio de oscuros negocios que sirvieron para sustituirlo en la Corporación y hoy día el comentario entre los dirigentes chavistas es que fue un Judas aquel quien deslizó a los medios de comunicación documentos, datos y cifras.

Ido Martínez Mendoza, puso en la presidencia de Corpozulia al general Arévalo Méndez Romero, con quien ahora mantiene una pelea soterrada. Aunque públicamente Arias se cuida de no aflorar las diferencias, es bien sabido que dirige sus esfuerzos a bloquearlo políticamente para después sustituirlo por un personaje de su confianza.

Ese quiquirigüiqui del candidato oficialista, esa manera de jugar en la oscuridad, en el escenario de la traición, es la principal razón por la cual la suspicacia, la desconfianza, cunde en el sector chavista dado que temen a un Arias capaz de destruir a las organizaciones políticas que le incomodan y obstaculizan su proyecto político personal, como logró hacerlo con su partido Unión e Izquierda Democrática e intentó con Causa R.

Al “Pancho” socialista le gusta el quiquirigüiqui, frase popular con la cual el zuliano define a la conducta tramposa de una persona, porque ya lo hizo con la oposición y con Chávez, de ahí que cuando los dirigentes le exigieron una aclaratoria pública sobre el libro que escribió contra Hugo Chávez (“Emergencia Democrática”) buscaban calibrar si verdaderamente Arias Cárdenas estaba del lado del Presidente, del chavismo, o andaba en otro de sus planes personales.

Hasta la fecha, su mutismo es total. Sigue sin pronunciarse, evadiendo dar una respuesta a las agresiones que quedaron fijadas en un texto único y demostrativo de que su capacidad de engañar es ilimitada.

@exequiades