Escritores celebran su día

(foto archivo)

El nombre de Andrés Bello constituye sus facetas como escritor, filósofo, educador, poeta, ensayista, político y ecologista. Pero sin duda, el rol más significativo de Bello fue el del amante entrañable y nostálgico de su tierra natal, Venezuela.

El 29 de noviembre de 1781 nació Andrés de Jesús María y José Bello López en la ciudad de Caracas y en su honor se celebra cada 29 de noviembre el Día del Escritor Venezolano. Este año, la Casa Nacional de las Letras que lleva su nombre ha realizado conversatorios y foros durante este mes, para destacar su labor como ecologista.

El autor de poemas como Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida (1826) y de textos tan importantes como Principios de Ortología y métrica de la lengua castellana, Análisis ideológicos de los tiempos de conjugación castellana y la Gramática de la lengua castellana, fue, como dijera Pedro Henríquez Ureña, “el libertador intelectual de América”.

Precisamente sus cualidades intelectuales comenzaron a desarrollarse desde su juventud. Iván Jaksic, historiador chileno, narra en su libro Andrés Bello: La pasión por el orden, publicado en 2001 en Chile y en 2007 en Venezuela, que el escritor venezolano comenzó a leer desde temprana edad a Virgilio y a Horacio, de la mano del Fray Cristóbal de Quesada, “lo que le permitió concluir el trienio de latín (curso de tres años necesario para ingresar a la universidad) en un sólo año, en 1797″.

Cuando ingresó a la Real y Pontificia Universidad de Caracas para cursar estudios de filosofía, se sintió atraído por las ciencias y la medicina y, aunque no culminó los estudios para ser médico, su interés continuó por el resto de su vida, así como su fascinación por las zonas naturales del país.

“El paisaje de Venezuela, cuya belleza sigue siendo incomparable, proporcionó a Bello materiales abundantes para la poesía que ya empezaba a escribir, y para los recuerdos que siempre mantuvo de su lugar natal”, indica Jaksic en su texto sobre Bello.

El joven Andrés vivió en Caracas hasta 1810 y luego viajó a Londres por razones diplomáticas y ahí estuvo hasta 1829. Por último, viajó a Chile y en la nación sureña trabajó hasta el día de su muerte, el 15 de octubre de 1865.

Desde el extranjero, Bello siempre recordó y añoró su vida caraqueña. Tal era su amor por la ciudad capital que en una carta que envió a su hermano Carlos, luego de que éste le enviara a Santiago de Chile libros y atlas de Venezuela, le dijo: “La vista de Caracas estará colgada en frente de mi cama, y será quizás el último objeto que contemplen mis ojos cuando diga adiós a la tierra”, reseña el historiador chileno.

Para más evidencia de esta conexión con el país, el escritor chileno Juan Durán Luzio escribió en su libro Siete ensayos sobre Andrés Bello, el escritor, en 1999, que “a pesar de los años ininterrumpidos en Inglaterra, Andrés Bello corrobora su pertenencia, a Hispanoamérica”, a través de su Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida.

Luego de 231 años de su nacimiento, Andrés Bello y su obra representan un legado imborrable e imprescindible en la historia nacional. Por ello, este jueves 29 de noviembre se llevará a cabo la conferencia Andrés Bello y la geografía de las silvas, a las 2:00 de la tarde en la Biblioteca Nacional de Venezuela, en la que participarán Pedro Cunill Grau, Humberto González y Luis Alberto Crespo.

El viernes 30 habrá una exposición y el acto de premiación del III Concurso La escuelita de Andrés Bello 2012, en la Fundación Casa Nacional de las Letras, a las 9:00 de la mañana. Ese mismo viernes, en la Biblioteca Nacional se celebrará la VII edición del Premio Nacional del Libro 2012, a las 10:00am. AVN