¡Pilas con tus lunares!

La mayoría de personas pueden tener entre 10 y 40 lunares en su cuerpo, que son por lo general benignos y tienen diversas características en cuanto a forma, color y tamaño.

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A lo largo de la vida los lunares o nevus, como también se les llama, pueden modificarse e incluso desaparecer. Estos no deben ser motivo de alarma, al menos que sangren, piquen o empiecen a cambiar de color o forma, lo cual podría ser indicio de que se hayan vuelto cancerosos.

Es por ello que es importante familiarizarse con los lunares del cuerpo y examinar la piel periódicamente para poder detectar cualquier cambio en ellos.

Conviene acudir al dermatólogo una vez al año y estar atentos a heridas pequeñas que no cicatrizan, a una nueva mancha, a un lunar o verruga o a lunares conocidos que cambian de apariencia, y que podrían transformarse en melanomas o cáncer de piel.

Existen 4 puntos importantes que debes observar para detectar lunares peligrosos:

A) Asimetría: dividiendo el lunar en cuatro cuadrantes, quedan partes de diferente tamaño.
B) Borde: que tenga un borde irregular y poco definido.
C) Color: que tenga varios colores o diferentes tonos de marrón, negro, azul o rojo.
D) Diámetro: que mida más de 6mm o que haya aumentado de tamaño rápidamente.

Las personas que corren mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel son aquellas que se exponen al sol excesivamente sin utilizar protección, quienes han tenido anteriormente un cáncer de piel o tienen familiares que padecen esta enfermedad. También las personas de piel y ojos claros, quienes tienen muchos lunares y los que han sufrido quemaduras solares en la infancia.