Enfermos de sida en China, víctimas de la desinformación

Expulsados de los hospitales y marginados de la sociedad, así es como viven los enfermos de sida en China a causa de la desinformación en torno a esta enfermedad, que actualmente sufren 780.000 personas en el país y cuyo número de infectados ha aumentado un 8,6 % este año respecto al anterior.

“Durante mucho tiempo, no sabía que estaba contagiada. El Gobierno no da la información necesaria”, cuenta Ma Guiheng, quien, tras darse cuenta de la enfermedad que padecía, decidió levantar en 2005 una ONG en su provincia, Hebei (norte), para ayudar a otras víctimas como ella.

Ma denuncia el desamparo que sufren los enfermos por la falta de información y la poca concienciación de la ciudadanía.

“Si un doctor, formado, lo primero que hace es decirte que no tienen habitaciones especiales para este tipo de gente y te pone una mascarilla, unos guantes y no se atreve a tocarte, ¿qué hará el resto de la sociedad?”, señala Ma.

Y es que, a pesar del aumento de la inversión impulsada por el Ejecutivo chino -alabada recientemente por la ONU-, el desconocimiento en torno al sida provoca múltiples casos de personas a las que se les niega cualquier tratamiento en hospitales por ser portadores del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y ante el miedo a contagios.

La “desinformación” lleva, además, a pagar costes “altísimos” por cualquier pequeña operación, sobre todo, en el caso de la cirugía externa, destaca Ma.

Con ella coincide Yang Jingjing, una de las responsables de una organización que ayuda a mujeres dedicadas a la prostitución en diversos distritos de Pekín.

“Hay mucha ignorancia entre la gente. Nosotros hablamos con ellas y con los clientes, les hablamos del sida y de que usen el preservativo, pero la mayoría no lo ve necesario”, explica Yang, a quien siempre contestan del mismo modo: “volveré a casa, me lavaré bien, y ya está”.

Otro de los colectivos más afectados es el de los homosexuales, sobre quien pesa una doble discriminación en el caso de contraer el virus del VIH, por su orientación sexual y por su estado de salud.

“La sociedad es aún muy discriminatoria en China… Y ahí se juntan dos temas tabú”, explica Wei Jiangang, del Centro LGBT de Pekín.

El Ministerio de Sanidad publicó que el incremento de las infecciones de VIH puede atribuirse al contagio entre homosexuales, según un informe hecho público el jueves, que indicaba que un 21 por ciento de las nuevas infecciones registradas de enero a octubre de este año habían ocurrido en relaciones sexuales entre hombres.

“Hace falta concienciar a la gente. El Gobierno invierte mucho en medicación, pero no en información. Es urgente abrir el debate”, sentencia Wei.

También la “censura”, destaca Wei, en referencia a la prohibición en el país de emitir anuncios de condones en la televisión pública.

No obstante, esta actitud gubernamental ha dado un giro la última semana, víspera del Día Mundial del Sida, el 1 de diciembre.

El máximo valedor de la lucha contra la discriminación es el actual viceprimer ministro, Li Keqiang, quien en marzo de 2013 se convertirá en el nuevo jefe de Gobierno.

Li protagonizó esta semana un inusual encuentro con más de una decena de ONG chinas, a las que ha trasladado su apoyo y ha prometido “poner mayor empeño” en la lucha contra la enfermedad, después de conocerse el aumento de enero a octubre de este año.

Este gesto de cercanía, ya de por sí poco habitual en un político chino, sorprendió además por venir de Li, cuya carrera política está “manchada” por su intento de encubrir el masivo brote de sida registrado en la provincia de Henan (centro) en los años 90, cuando él la gobernaba.

Las consecuencias de ello aún están vigentes. El jueves, algunos de aquellos afectados protagonizaron una manifestación por las calles de Pekín para exigir ayuda al Gobierno.

También Li realizó una llamada “de urgencia” al Ministerio de Sanidad cuando salió a la luz que le había sido denegado el tratamiento a una enferma de cáncer en un hospital de Tianjin, norte de China, por ser portadora del VIH.

Los gestos de Li fueron percibidos por algunos medios del país como un indicador del nuevo rumbo que tomará la nueva generación de líderes.

No obstante, marque o no una nueva era, el escepticismo ante un posible cambio sigue siendo la norma entre las ONG, que consideran “oportunista” la reciente actitud de los políticos. EFE