Mikel Las Heras: Más allá del 16D

Más allá de campañas y elecciones, más allá de la corrupción y del mal gobierno, más allá de los enquistados en el poder y beneficiados por éste -y no me refiero sólo a los llamados rojo rojitos o a los militares- existe un país de carne y hueso que unos se resisten a reconocer y otros, de tanto conocerlo, lo usan -y lo abusan- a mansalva.

El país lleva veinte años sumido en una crisis política y treinta en una económica. Éstas han sido décadas de proyectos políticos, de planes económicos, constituyentes, referendos, controles cambiarios, ventas de bonos y un sinnúmero de espejismos más. Hemos sido un laboratorio socioeconómico. Y en todo este tiempo las clases más desfavorecidas han ido aumentando en número pero también en niveles de pobreza, a pesar de lo que pintan las cifras oficiales. Un caudillo militar con una potente capacidad de comunicación conectó con las clases populares que vieron en él una esperanza, una alternativa de inclusión y de ascenso, así sea sólo en comerciales de televisión. Muchos sectores de la clase media vieron lo mismo en Chávez cuando en el 98 votaron por él.

En Venezuela lo excepcional se ha vuelto cotidiano. Poco a poco la sociedad toda se ha dejado cubrir por el manto -no podemos decir que protector- del Estado. Y el Estado ha sido tomado por un grupo de gente que ha logrado dominar a todos los poderes y gobierna a su antojo.

Pero existe un amplio sector que por diversos motivos se resiste a aceptar el actual estado de las cosas. Y existe el convencimiento de que el cambio ansiado debe producirse por la vía pacífica y electoral. Es un sector, en su mayoría, democrático.

Uno lee y escucha muchas veces decir, cuando hay noticias de protestas, “que se jodan, votaron por Chávez”, como si la gente perdiera el derecho a reclamar por el mero hecho de ejercer -equivocadamente o no- su voto. Pero además, esas personas se olvidan que en esos seis millones y medio de votos opositores hay mucho pueblo. Que votaron millones que no eran sus familiares, vecinos y compañeros de trabajo. Existe pues también, un egocentrismo muy marcado en algunos de los sectores que conforman la oposición que no ayuda a llegar – a la oposición toda- con más fuerza y de forma llana a los sectores populares, tan necesarios para ganar elecciones, pero tan necesarios para poder empezar a construir un país inclusivo, con justicia y moderno.

Porque más allá de las derrotas, de las trampas, del ventajismo y del poder, somos nosotros -todos- los llamados a meter a Venezuela en el Siglo XXI, el de verdad. Hay que votar, pero tenemos también que fijarnos metas más allá de campañas y elecciones y más allá de nosotros mismos.

 

@mlhccs